Vinos y vida en León

León es tierra de vinos, de comida, de amigos, de paso de peregrinos, de gente abierta, de templarios, de historia, de noches, de paseos, de aromas, de turismo, de tantas cosas… Pero a veces lo que más nos gusta lo tenemos tan cerca que a veces ni siquiera lo apreciamos.

Catedral de LeónUna vez, recorriendo la ruta del Cares, por Asturias, comenté que cambiaría esa zona por mi Extremadura natal con los ojos cerrados. Un lugareño me oyó y dijo que él aceptaba el trueque, que estaba harto de vivir encajonado entre montañas, y soñaba con la vasta meseta extremeña, sus paisajes claros, abiertos. A partir de ese momento empecé a mirar a mi tierra con otros ojos.

Y eso es lo que he reconocido en las personas con la que he hablado en León durante mi último viaje allí, la semana pasada. Sabemos que vivimos una etapa de crisis global pero es a nivel local donde lo apreciamos cada día. Tiendas que cierran, negocios que no salen adelante, el paro en nuestro entorno, son las huellas de la crisis. La gente se cansa y se envidian otros momentos y otros lugares en los que no parece que vaya tan mal. El pasto del vecino crece más verde, dicen. Pero no es cierto.

A pesar del pesimismo local, común a casi toda España, León sigue siendo, hoy como ayer, una tierra maravillosa. Y con unos recursos excepcionales: la vega del Órbigo, con su remolacha, su lúpulo y su maíz. La zona de los Picos de Europa, cuna de productos como el chorizo leonés y la cecina. El área de la maragatería, con el botillo y las mantecadas astorganas como bandera. Y la zona del Bierzo, con las castañas y el vino.

Hablar del vino del Bierzo es hablar de la uva mencía. Pocas veces la característica peculiar de una uva tinta marca tanto la singularidad de una D.O. En blancos, sí hay zonas especiales como Rías Baixas con el AlbariñoHuelva y la Zalema, o Jerez y la Palomino. Pero en tinto, salvo las llamadas tinta de toro, tinto fino o ull de llebre, que son nombres singulares para la tempranillo, no hay una uva propia que marque tanto el carácter de una zona. Se puede pensar, acaso, en Jumilla y la Petit Verdot, pero se trata de una uva internacional.

PittacumEsta vez, como se trataba de un viaje de reencuentro con León, he repetido vino, en contra de mi costumbre. Y lo he hecho con el Pittacum Áurea 2006, un vino monovarietal de mencía que representa lo que esta uva es capaz de dar.

La cena fueron unas patatas estrelladas con huevo de avestruz, y unas tapas de jamón ibérico. Lo del huevo de avestruz no fue una buena idea, no estaba bien cuajado y realmente no gustó, así que todos los elogios fueron para este vino impresionante, el Pittacum Áurea. Complejo, saltan a la nariz las notas de frutos rojos del bosque y violetas de la mencía entrelazados con los propios de la larga crianza, toffee y cacao sobre todo. Potente y carnoso, con un postgusto largo que invita a la más profunda meditación entre trago y trago. La carnosidad del vino (y su graduación alcohólica) calentaba los estómagos agradecidos por lo frío de la noche, y la conversación nos recordaba que, a pesar de todo, en León siempre hay un sitio para los buenos momentos.

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