Los vinos naturales

Vino naturalUna de las conferencias que abrirán la semana que viene Fenavin, la Feria Nacional del Vino, versará sobre los vinos naturales, con el título “Los vinos naturales, los verdaderos vinos de terruño“.

Hasta hace poco la expresión vino natural iba relacionada con todos esos vinos caseros, para consumo propio, y que por tanto no llevan un trabajo enológico detrás. Pero ahora se han elevado los vinos naturales a la categoría de tipo de vino, en la línea de los vinos ecológicos, con algunos añadidos.

Lo que se pretende al etiquetar un vino como natural es significar que la intervención humana ha sido la justa y necesaria, con la idea de que el vino represente el sabor del terruño y la variedad “tal cual es”. Si la tierra y la planta son de la mejor calidad, y la naturaleza ha cumplido su ciclo de forma óptima, el vino, además de tener gran calidad, será exactamente lo que siempre debió ser.

Claro que se permite alterar el ciclo natural, pero sólo con medidas tradicionales como el riego o la poda en verde, pero no con productos químicos de ningún tipo. En ese sentido la interpretación del cultivo es similar al de los vinos ecológicos ecológico o de cultivo biodinámico.

El viticultor es el eje del proceso, tomando en la viña las decisiones más adecuadas para cuidar el fruto, desplazando al enólogo al lugar de mero “vinificador” que cuida de que las condiciones sanitarias se respeten. Ahí reside la gran diferencia porque, según los productores de vino natural, las bodegas ecológicas y biodinámicas rompen el ciclo natural con el trabajo de los enólogos, al tratar de crear aromas y sabores comerciales.

En su lugar, las bodegas naturales se precian de que el vino sale como debería salir sin tal intervención. Esa “no modificación” de las propiedades del vino es lo que caracteriza y diferencia al vino natural, muy parecidos en su desarrollo al vino Kosher, pero sin el componente religioso.

Hay quien define este tipo de elaboraciones como una “moda”, como lo fue la de los vinos de “alta expresión”. En cambio, otros piensan que es un cambio en los hábitos de consumo, de los consumidores hartos de los productos manipulados y sin sabor, todos tan homogéneos.

Esta crítica es el punto de partida de los vinos naturales, que alcanza desde hace ya tiempo a otros cultivos, como los de frutas y verduras, donde el mercado está bastante más asentado. También es cierto que en otros cultivos, donde el producto final no requiere elaboración tras su recogida -tomates, naranjas- la “naturalización” es más fácil y la diferencia más apreciable y valorada que en los productos elaborados -tomate frito o zumos-.

Los vinos naturales no tienen tradición alguna en España, pero su implantación está siendo relativamente rápida, porque su demanda -sobre todo para exportación- va en aumento. Ya son más de 30 las bodegas que elaboran vinos naturales.

He escuchado muchísimas veces comentarios acerca del sabor de los productos cultivados, del tipo de “las fresas de hoy en día no saben como las de antes“. Con los vinos naturales se pretende recuperar esos sabores. La pregunta es, después de tanto tiempo, ¿nos gustarán o estaremos demasiado acostumbrados a los nuevos sabores?

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