Un vino para enamorar(se)

No siempre lo mejor es lo más querido, ni lo que tiene más calidad nos hace más felices. Algunos vinos conquistan nuestro cariño formando parte de los mejores momentos de nuestras vidas.

New AgeEra un vinito sencillo, un lambrusco a la argentina. Se llama New Age, y se produce en Cuyo, Argentina. Allí se vendía por un dólar (en tiempos), y solía acompañar las cenas de las jóvenes parejas de novios que no podían costearse grandes cenas en restaurantes vip. Me lo regaló un amigo argentino, una vez que volvía de ver a su familia.

“Ya sé que no es uno de los grandes vinos que te gusta beber, pero a mí me hace gracia, y tiene éxito allá”, me dijo. Yo le sonreí porque estoy acostumbrado a que la gente piense que tomo Dom Perignon en lugar de agua, y le agradecí el gesto.

La presentación del vino era ciertamente curiosa en tiempos, aunque con el paso del tiempo han surgido imitadores: el tapón de silicona, que ahora han cambiado por un screw-up, y una única etiqueta delantera impresa por las dos caras, por lo que la cara trasera (ver foto), se observa a través del vino.

El caso es que puse la botella a enfriar, y tras la cuarentena lo probé en una de esas cenas, de las de complicidad, coqueteos y sueños compartidos, con la que se ha convertido en mi mujer. El vino es ciertamente un vino frizzante, aparentemente de vendimia temprana para mantener un punto ligero de acidez, tratado en frío durante todo el proceso para tratar de conservar la mayor parte posible del carbónico.

Está elaborado con uvas Malvasía y Sauvignon Blanc, un coupage que permite que se retenga también una parte considerable del azúcar propio de la malvasía (entorno a 30gm/litro), aunque no resulta especialmente dulce en boca.

Además, comprobé que se hace realmente necesario degustarlo muy frío, puesto que si sobrepasa los 8º empieza a dejar un cierto regusto excesivamente alcohólico.

La cena, un tapeo ligerito con velas en una terraza, y la compañía, como el vino, divertida e incluso algo atrevida, hace que el vino triunfe en el momento y en el recuerdo. ¿Qué más se le puede pedir a un vino?

Supongo que a más de uno le habrá pasado lo mismo, y que tiene un vino “especial” por el momento en el que lo disfrutó, independientemente de su calidad o precio. A Eva Suárez le vuelve loca el Belondrade y Lurton, a Lauren Dickinson los Cabernets de Napa, y esas experiencias-emociones con determinados vinos marcan, de una forma u otra, nuestra percepción del vino, nuestros gustos, nuestra vida. ¿Y a ti? ¿Cuál es el vino que te más te ha marcado, en lo personal?

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