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Vinos de Cantabria, una apuesta por la calidad

CantabriaLa Asociación de Vitivinicultores de Cantabria impulsa la producción de sus vinos, en un acto al inicio de la vendimia en esta Comunidad. Y es que el vino en esta región está creciendo rápidamente, pues la añada del pasado año llegó a los 112.000 litros, lo que supone 40.000 litros más que la de 2008.

En esta campaña de 2010-2011 se han recogido menos litros que la anterior, pero la calidad de los viñedos será superior. Una valor que da una mayor proyección a los caldos de esta tierra que, poco a poco, se abren camino en el mundo vinícola.

Vinos de la Tierra Costa de Cantabria

Una muestra de esta expansión la tenemos en el aumento de productores y bodegas, bajo el sello de calidad Vinos de la Tierra, que se extiende entre la costa y los valles interiores de influencia Atlántica hasta la cota de 600 m.

Los vinos blancos son realmente muy reconocidos por su excelente calidad. Y en la pasada campaña se registraron 12 productores y 7 bodegas con una superficie de viñedo inscrita de un 33%.

Uvas CántabrasHaciendo un repaso a sus bodegas, destaca Lancina, en la bonita población de Laredo, que ofrece vinos de intenso aroma floral. También cabe mencionar Bodega Vidular, con blancos de color intenso, como Ribera del Asón, un caldo a apuntar en nuestra lista que está teniendo importante éxito. No es de extrañar que los blancos sean, definitivamente, los preferidos esta región, pues casan perfectamente con los mariscos y el rico pescado procedente directamente del mar del Atlántico.

¡Nuestro vino recomendado!

Casona Micaela Blanc 2008. Uno de los blancos más enigmáticos, realizado por las variedades albariño (una de las más importantes de los blancos de Cantabria) y riesling, que tiene su origen en Alemania. De aroma suave y una calidad-precio extrema.

Vinos de la Tierra de Liébana

Son vinos jóvenes, pero realizados con pasión por vinicultores emprendedores que han dejado algunos de sus trabajos para dedicarse al cultivo del vino. Como dato, resaltamos que durante la campaña de vendimia anterior, se registraron un total de 35 productores y 15,5 ha de superficie de viñedo inscritas. La Compañía Lebaniega de Vinos y Licores presenta vinos, fundamentalmente de la variedad mencía, como el Picos Roble, aunque el blanco, cómo no, es el más consumido.

El apellido de los vinos

Aromas de uvasMencionar que un vino posee Terpenos, Pirazinas, Norisoprenoides o Tioles volátiles en los mostos, por sólo mencionar algunos, es hablarle en chino al consumidor. Sin embargo, si le dijeran que la botella de vino que acaba de comprar está compuesta por una uva que libera en su vinificación aromas florales (Terpenos) y que tiene un fuerte olor a morrón (Pirazinas), podría relacionar estas referencias correctamente con un Cabernet Sauvignon.

En cambio, si le comunicaran que en su vino se encuentran sabores de fruta exótica, de rosa e incluso de compota de manzana (Norisoprenoides), uno podría aventurar que está por tomar un Chardonnay. Por otro lado, si en el líquido distingue notas de guayaba, cáscara de cítricos y pomelo (Tioles volátiles en el mosto), este consumidor identificaría que se encuentra frente a un Sauvignon Blanc.

El olor, el sabor y el aroma de un vino dependen entonces de su composición química, y la prevalencia de una u otra sustancia en cada caldo determinará su carácter. Por esta razón, saber qué uva se encuentra en el vino que uno compra es esencial a la hora de identificar cuál es la variedad que a usted más le gusta.

Más allá de que el proceso de elaboración de un vino sea casi siempre el mismo, la expresión singular de la uva responde a su terroir (suelo, clima, insolación, cuidado de la vid), que en cada región presenta matices diferentes y deviene por lo tanto en caldos particulares.

En líneas generales, los vinos blancos desprenden aromas cítricos de limón, naranja o pomelo, y frutas como la pera, el damasco, el melón o la grosella. Por otro lado, las variedades tintas se caracterizan por su carga de antocianos, sustancia responsable de la coloración del vino que se desprende al contactar la pulpa rota con el hollejo o cascara; y la presencia de taninos, compuestos polifenólicos asociados con la astringencia y el amargor del vino, que prolongan su vida y aportan al consumidor, entre otras cosas, antioxidantes. Estos últimos evocan frutos rojos como cereza, ciruela, frambuesa, fresa o mora. Ambas vinificaciones pueden ofrecer además aromas minerales, especiados, de hierba y otros comunes a la fermentación como pan o levadura.

El vino no es sólo uva, sino que sus aromas y sabores se construyen a través de los procesos químicos a los que es sometido, como la fermentación (transformación del azúcar contenido en la uva en alcohol), la fermentación maloláctica si hubiere (transformación del ácido málico, usualmente asociado a la manzana verde, para convertirlo en ácido láctico) y la crianza (estacionamiento en barricas de roble o en botella). No obstante, existen algunos factores comunes que se expresan en cada varietal y que permanecen siempre reflejados en el producto final, la botella.

Variedades de uvas blancas

Hoy os presentamos algunos tipos de uvas blancas, que producen vinos con tonos que van del amarillo pajizo al oro intenso. Os invitamos a comprar vino de cualquiera de las denominaciones que dejamos a continuación en Uvinum.

La delicadeza del blanco

Albariño

La albariño es una variedad de uvas originaria de Galicia que produce vinos de color amarillo verdoso, con aromas florales y frutales bien marcados. Al momento de estar recién hecho es ligeramente ácido pero con el paso del tiempo irá adquiriendo toques de manzana madura y caramelo de miel. Los expertos describen a la Albariño con olores similares al perfume de helecho, flores blancas y heno fresco, y gusto parecido al del melocotón maduro, ya dan ganas de probarlo!

Chardonnay

Habitualmente es vinificada para ser consumida en el año, la Chardonnay es la variedad blanca más apreciada y fácil de cultivar, esto se debe a que soporta todo tipo de climas y es óptima para ser fermentada o criada en barricas de roble. Los catadores suelen asociar a esta uva con aromas a mantequilla fresca, avellana y pan, para dar paso luego a las frutas tropicales, melón, banana y piña.

Sin un paso por madera adquiere buena acidez, además de aromas cítricos de pomelo y manzanas verdes, e incluso pueden reconocerse frutas dulces como el damasco. Fermentado y criado en barrica el vino de Chardonnay ofrece menos acidez y más cuerpo, con notas de vainilla, miel, caramelo y lácteos.

Racimo de AlbariñoGewürztraminer

Con la uva de color rosa almendrado y a partir de que gewürz significa especia en alemán, es esta una variedad que hace justamente referencia a estos aromas y sabores. La Gewürztraminer se caracteriza por tener gran presencia de la fruta y toques florales similares a los de la Torrontés argentina y moscateles. En la boca se la relaciona con el pomelo maduro e incluso al mango.

Sauvignon Blanc

Con una marcada presencia de notas que recuerdan a la manzana verde y la guayaba, así como a espárragos y guisantes, en la Sauvignon Blanc suele encontrarse también, muy frecuentemente, el olor a pasto recién cortado.

Torrontés

La Torrontés es la cepa blanca insignia de los vinos que se producen en Argentina. Se la puede distinguir por los florales intensos que hacen recordar a la uva Moscatel y que tiene además un toque de rosas. Evoca aromas de frutas tropicales como el de la piña y la banana, pero a su vez brinda notas vegetales similares al geranio o el hinojo.

El color de los vinos

Al comenzar con la degustación de un vino, lo primero que se considera es el color de éste, su apariencia, lo visual. Para poder apreciar su coloración de la mejor manera se debería hacer bajo la luz natural puesto que la luz artificial puede ser bastante engañosa. Es cierto que para muchos la luz de las velas puede ser conveniente, sobre un fondo blanco, para reconocer una tonalidad, pero en el caso de los vinos tintos y blancos, la luz del sol es la que permite de mejor manera poder encontrar sutilezas en su tonalidad.

Los cambios en el color del vino se deben a diversas variables, por ejemplo la cepa de la que procede, la forma de elaboración del vino, el tiempo que el hollejo haya estado en el mosto, el hecho de haber sido colocado en toneles de madera o no, su edad y la forma en la que se conservó el vino.

Color del vino

La gama de colores suele ser mucho más variada en los vinos tintos que en los blancos, en ellos el color va desde el púrpura intenso hasta tonos más castaños, granates o violáceos, pasando por una nutrida gama de intermedios: carmesí, bermellón, rubí, ladrillo, teja, etc. Siempre que se habla de estas tonalidades hay que dejar claro que siempre hay lugar a la discusión el respecto, no existe una paleta de colores que pueda considerarse un patrón y que permita calificar de forma exacta el color de un vino, salvo excepciones como por ejemplo el rubí y la teja.

Las antocianinas son los pigmentos que le dan el color rojo al vino, estos se encuentran en el hollejo de las uvas tintas y son extraídos por el alcohol. De acuerdo al tiempo que este hollejo se mantiene en contacto con el mosto es que se obtendrá un color más o menos intenso. Cuando el vino es joven, el rojo puede acercarse más al naranja y con el paso del tiempo éste se vuelve cada vez más cercano al castaño o al teja.

En lo que respecta a los vinos blancos, las tonalidades son menos y realmente parecería que los vinos blancos actuales son cada vez más claros y pálidos, incluso con cierto grado de transparencia que en otro tiempo hubiese sido considerado acuoso. Aquellos vinos que se podía decir que eran dorados ya no se ven por ninguna parte, por suerte, pues son los que se consideran de mala calidad por las falencias en su elaboración, ya que esa tonalidad se debe a un exceso de oxígeno. Otra de las características que ya no se suele ver en los vinos blancos es el enturbiamiento que los procesos de filtrado actuales han eliminado. Debemos aclarar que hay vinos blancos particulares, como el Jerez o la manzanilla, que pueden tener tonalidades doradas y no deberse a un mal proceso de elaboración.

La elaboración del vino

Desde ya aclaremos que es difícil expresar cómo elaborar vino en unas pocas palabras, tan solo intentaremos transmitir al lector lo que podemos resumir luego de visitar bodegas, sobre todo en épocas de vendimia y lo que los expertos explican.

Elaboración de vinos

Si simplificamos podemos decir que lo que es necesario para que el zumo de uva se transforme en vino es un proceso, que debe darse de la forma más natural posible: la fermentación. Este es un fenómeno químico mediante el cual el azúcar de la uva se transforma en alcohol y anhídrido carbónico, y que se produce gracias a la intervención de las levaduras que se encuentran en mayor proporción en los hollejos. Cuando el hollejo de la uva se rompe comienzan a trabajar las levaduras sobre el azúcar dándose el inicio de la fermentación.

Entonces, la uva es traída de la viña manteniendo los racimos, luego se depositan en el lagar, espacio de la bodega que se tiene para tal función, a continuación pasarán por la descobajadora, allí se desprenden los granos para ser prensadas y extraer el jugo. A ese jugo, conformado por pulpa, hollejo y semilla se le llama mosto y es el que será puesto a fermentar en piletas o cubas. Normalmente las levaduras actuarían hasta transformar todo el azúcar en alcohol, o al menos hasta que se llegue a un nivel del 15% de alcohol en el vino, pero suele suceder que algunas uvas son demasiado dulces y el proceso debe detenerse manualmente.

Vino en fermentación

Actualmente el proceso mediante el cual se elaboran los vinos está acompañado por el uso de tecnologías que antes ni siquiera se imaginaban para tal elaboración, elementos que ahora son sumamente necesarios para garantizar la calidad. Por ejemplo, es sabido que los vinos blancos necesitan que la fermentación se produzca a temperaturas bajas, por ello serán imprescindibles equipos de frío que retarden el proceso de fermentación, logrando controlar el proceso y evitar la oxidación, agente absolutamente dañino en el proceso de creación del vino. Por el contrario, los vinos tintos no necesitan de temperaturas bajas, sin embargo también se debe evitar la oxigenación en su proceso de elaboración.

Aquellos vinos que maduran en toneles de roble, ya sean blancos o tintos, se enfrentan a un proceso de oxigenación que es muy suave ya que el elemento se “cuela” en pequeñas proporciones, pero deja de hacerlo si bien se embotella y encorcha. Su estadía en la botella es necesaria y fundamental para lograr que el vino se asiente adquiriendo así un punto de madurez óptimo.

Vino y pescado

El maridaje puede llegar ser más sencillo de lo que se cree, disfrutar una deliciosa cena acompañada de un buen vino resulta un placer como pocos. Entre los muchos maridajes existe el de los vinos y pescado, acompáñanos a revisar el menú de platos de pescado y qué vino elegir como su perfecta combinación.

  • MaridajePescados aliñados con limón y naranja, ya sean cocidos o crudos como en un exótico sushi o un picante cebiche, el vino adecuado para estos platos son los vinos blancos aromáticos, podemos recomendar el vino Albariño o en su defecto un buen Sauvignon Blanc.
  • Pescados fritos, la simpleza de la gastronomía nos lleva a una gran variedad de platos de pescados fritos, para esas delicias recomendamos un vino blanco afrutado o un vino rosado, ligeramente frío.
  • Pescados ahumados, ya sea un buen salmón o atún ahumado, o en su defecto algún otro pescado de río, la recomendación es maridar con un tinto joven o un vino rosado, que tenga poco alcohol.
  • Pescados escabechados o saltados, otras de los estilo de comer pescado muy común en las principales gastronomías, para esta deliciosa ocasión recomendamos un vino Merlot o un vino rosado con mucho cuerpo.
  • Pescados en mantequilla o quesos, este tipo de platos se encuentran mucho en las gastronomías francesas e italianas, para estas delicias mediterráneas un vino Viura o Verdejo son la elección indicada.
  • Pescados sudados o al vapor, muy comunes en la gastronomía china y peruana, es muy difícil maridar debido a los sabores intensos que despiden estos platillos, pero aún así hay un buen vino que hace una buena pareja, hablamos de un Riesling.
  • Pescados en sal, preparaciones que incluyen pescados como el atún, salmón y bacalao entre otros, preparados en sal, esta vez necesitamos un sabor suave que acompañe a este platillo, recomendamos un vino espumoso seco.
  • Pescados en parrilla o barbacoa, generalmente estos pescados se comen sazonados con sal únicamente, y suelen ser de sabores sutiles, para estos casos debemos acompañar nuestro pescado con un vino blanco seco, ligeramente frío.
  • Pescado en guisos, caldos y sopas, esta vez el pescado y su sustancia es el protagonista del plato, y como suponemos no le debemos quitar el protagonismo, es por eso que un vino blanco seco o un rosado son los mejores en estos casos.

No olvides que los vinos pueden ser variados según su elección, encontrar un maridaje a su medida, dependerá mucho de tu pericia en probar distintos tipos de vinos, buena suerte y buen provecho.

Viñas nuevas, viñas viejas

Uno de los misterios más maravillosos del vino es la constante evolución que sufre. La misma botella, probada con varios días de diferencia, puede albergar matices distintos. Esto es así porque dentro del vino se alojan multitud de bacterias que van desarrollándose, cambiando, y cambiando consecuentemente las características del caldo.

También en las barricas se producen cambios importantes, cuando el contacto del vino con la madera hace que partículas del tonel se desprendan y sean asumidas por el líquido.

Pero uno de los cambios más importantes y menos significados es el de la propia vid, que con los años va formando uvas con distintas características. Eso hace que cada año el vino sea único e irrepetible, porque nunca los factores volverán a ser exactamente iguales.

V3¿Cuál es el misterio de una buena cosecha? La uva tiene que crecer con nutrientes metabolizados por la planta. Es decir, que si a una vid le damos agua y sales con generosidad, las uvas crecerán grandes y cargadas de zumo, pero ese zumo sólo contendrá agua y sales. En cambio, si un viñedo carece de agua, para alimentar el fruto la planta tendrá que metabolizar lentamente cada molécula de agua que las raíces sean capaces de encontrar en la tierra, y por tanto la uva crecerá poco y será escasa, pero estará cargada de propiedades de la cepa.

Los primeros años de un viñedo, las vides producen uvas en abundancia. Son frutos grandes y hermosos, con mucho azúcar y realmente sabrosos al paladar. Sin embargo, su uso para producir vinos no es recomendable, porque esas uvas tienen pocos nutrientes proporcionados por una planta demasiado joven en la que la savia circula rápidamente y con comodidad. Si se elabora vino, éste será probablemente muy ácido y con poco sabor.

Durante mucho tiempo se ha reconocido que hasta que el viñedo no tenía 5 años de antigüedad no era aconsejable usar la uva para vinificar. Ahora, con las nuevas técnicas de cuidado de viñedos se ha conseguido acelerar el desarrollo de la planta y viñedos con 3 años de antigüedad pueden producir vinos más que aceptables.

Hasta los 20 años, los viñedos tienen la mayor producción de uvas. Es más, normalmente hay que “recortar uva” (cortar racimos antes de tiempo para que la planta produzca menos, pero de mayor calidad). Los frutos siguen siendo grandes y cargados de nutrientes.

A partir de los 30 años, nos encontramos ante lo que se consideran viñas viejas. Independientemente de la riqueza del suelo, la planta ya ha sido sometida a multitud de podas y sus “arterias” no funcionan con la facilidad de antaño, por lo que el tránsito de la savia al fruto se hace con lentitud y dificultad, lo que hace que los racimos sean escasos, pequeños y cargados de taninos. Es difícil elaborar vino de viñas viejas, entre otras cosas porque se necesita un viñedo más grande para conseguir la misma cantidad de vino, pero la calidad aumenta con respecto al mismo viñedo cuando era joven.

Eso no quiere decir que los vinos de viñas viejas sean siempre mejores, porque tan importante como la edad es el estado de conservación. Que se lo digan a George Clonney…

En España hay varios vinos de viñas viejas que han sido reconocidos internacionalmente. Entre ellos, el que abrió la veda fue el “Baltasar Gracián Viñas Viejas de Garnacha“, de la Cooperativa San Alejandro, en Calatayud, del que Robert Parker dijo que era increíble que un vino tan excelente costara menos de 3 dólares (en tiempos).

Actualmente muchas bodegas van dejando sus mejores vides envejecer para elaborar este tipo de vinos, y ya hay vinos tintos imprescindibles como el Leda Viñas Viejas, un tempranillo de la Ribera del Duero, o el Dominio de Tares Cepas Viejas, un maravilloso mencía del Bierzo.

En vinos blancos, aunque es menos común encontrar vinos de viñas viejas, hay que señalar el V3, un vino de Verdejo en Rueda que os sorprenderá sin ninguna duda. Lo elabora la bodega “Sitios de Bodega“.

Para acabar, una frase de sir Francis Bacon: “Vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quien confiar, y viejos autores para leer”.

Vinos de reserva

¿Qué significa que un vino es de reserva? ¿De qué hablan los expertos cuando dicen que un caldo es complejo? Cuanto más caro sea el vino, ¿es mejor? ¿Qué determina que una botella sea excelente? Estos son algunos de los tantos interrogantes que deben descifrarse a la hora de elegir un vino. El mercado exige a los compradores estar cada vez más informados, para no abrumarse ni confundirse frente al exceso de oferta de variedades de uvas y estilos de vinos. Esto o las recomendaciones de vinos en Uvinum, claro. O las 2 cosas.  😉

La posibilidad de que un vino se convierta en un gran vino, depende de la capacidad del enólogo, puesto que es él quien deberá elevar las uvas a su máxima expresión, para que al finalizar su vinificación resulten en un líquido amable y seductor. Si bien existen múltiples recetas, a grandes rasgos el proceso de creación de un vino nace en la cosecha.

Una vez en la bodega, los racimos son despalillados, es decir, se separan las partes verdes como las varas que unen a las uvas y los cabos. Luego, la uva es trasladada a un recipiente para su posterior fermentación. En el caso de los vinos tintos, las uvas permanecen macerando un tiempo para extraer, entre otros, el color, ubicado en la piel de la uva. Para los vinos blancos, por otra parte, se separa la pulpa del hollejo inmediatamente.

En tanques de acero inoxidable refrigerados, tinas de cemento abiertas, barricas de roble o toneles, dependiendo de cada bodega, el jugo de uva se convierte en vino a través de la acción de microorganismos llamados levaduras, que consumen el azúcar natural de la fruta desechando etanol y anhídrido carbónico.

Por otra parte, durante este proceso, se generan nuevos aromas y sabores en el vino, distintos de aquellos naturales de la uva, llamados primarios. Estos compuestos “secundarios” son los responsables de que, por ejemplo, el Sauvignon Blanc desprenda notas de espárragos y de pasto cortado, tal como lo definen los expertos.

Vinos ReservaAl culminar la transformación, en el caso de los vinos creados para ser consumidos jóvenes, sólo restará un paso por procesos de estabilización y filtrado, que aseguren la longevidad de por lo menos 1 año del vino antes de ser embotellado. No obstante, para aquellas etiquetas que pretendan llevar con orgullo el título de crianza o reserva, resta aún una estancia en barricas de roble o botella, que puede variar entre 3 y 18 meses de reposo, dependiendo de lo que busque el enólogo.

De todas maneras, las líneas de elaboración de un vino no son inamovibles; cada maestro tiene su libro, y en este caso, cada enólogo tiene su receta.

Cómo elegir un buen vino

Elegir vinoLo importante para elegir un vino es saber que más caro no siempre significa mejor y que el precio de cada botella remite al proceso de elaboración del vino y no es un indicador de calidad. Los factores más relevantes en el coste de una botella son:

  • el mayor o menor cuidado de las uvas en el viñedo
  • si hubo o no crianza en la botella
  • cuánto tiempo estuvo el vino guardado en la bodega
  • el precio de los materiales utilizados, etiquetas, corchos, tecnología, botella, etc.

En definitiva, un vino joven es distinto, y no peor, que uno de reserva.

En cuanto al aroma y el sabor del vino, no existen recetas; como experiencia sensorial, la cata del vino es muy subjetiva. No obstante, se puede decir que un vino blanco debe tener una acidez marcada, que agüe la boca al menos 3 veces luego de tomar el primer sorbo, además de ser frutado e imprimir frescor en el paladar. En el caso de los vinos tintos, la acidez alta no es buscada, salvo que se trate de un vino de guarda, ya que la acidez ayuda a conservar el vino durante más tiempo. Estas botellas tampoco deben tener una astringencia que reseque totalmente la boca, eso puede indicar, si es de reserva o guarda, que aún no está listo para ser tomado, pues esta característica se suaviza con años de crianza en botella. En cualquiera de los casos, los vinos no deben tener aromas mohosos o rancios, menos todavía si fueron creados para ser consumidos jóvenes.

Si estamos frente a un gran vino, encontraremos que en la copa se refleja al menos un aspecto de cada etapa de su elaboración, una nota herbácea del viñedo, un aroma frutal de la uva, un toque floral proveniente de la fermentación, y el aroma a vainilla o tabaco típico de la madera. Sin embargo, más allá de las recetas, su objetivo debe ser siempre el de entusiasmar a quien lo prueba, de tal forma que no pueda resistir volver a él en el futuro.

Otra incertidumbre es la temperatura a la que debe servirse cada vino, y aunque es una cuestión de gustos, los expertos recomienda enfriar los vinos blancos livianos como el Sauvignon Blanc y el Pinot Grigio a 10ºC, al tiempo que los blancos más densos criados en madera, como el Chardonnay o el Viognier, deberían estar a 12ºC. Los espumosos y los vinos dulces se consumen ambos a una temperatura entre 6ºC y los 8ºC. En cuanto a los tintos, los más ligeros y los jóvenes se sirven en el entorno de los 12ºC. Finalmente, los tintos densos de reserva o guarda deben abrirse cuando tienen entre 17ºC y 18ºC, a pesar de que es común escuchar que se toman a temperatura ambiente.

La temperatura ideal para beber un vino

Temperatura del vinoLa temperatura del vino es un tema de larga data y de mucha controversia, como es de dominio popular el vino blanco se toma más frío que el vino tinto, pero ¿cuál es la temperatura exacta para poder disfrutar el vino en todo su esplendor?, trataremos de diluir este y otros interrogantes a continuación.

Usualmente los vinos son guardados en sótanos o sitios fríos de la casa, lugares que podrían llegar a los 11 grados centígrados, teniendo en cuenta que la temperatura ambiente normal fluctúa entre 18 a 25 grados centígrados. Estos detalles climatológicos aún complican más ya que todo dependerá de donde se encuentre y en que estación del año esté, el abanico de distintos climas se abre en un sinfín de alternativas que hacen imposible tener una temperatura exacta. De todas formas, siempre es recomendable usar termómetros de vino para comprobar la temperatura exacta.

La temperatura en los vinos tintos

Los vinos tintos se deben beber en lo que llaman temperatura ambiente, es decir, entre 16 a 18 grados centígrados, esta temperatura ayudará a guardar el sabor, aroma y cuerpo del vino.

Sin embargo:

  • Si el vino tinto en cuestión es joven la temperatura ideal será más baja, entre 12 a 15 grados centígrados, así podremos saborear su frescura, y algún matiz floral o frutal si lo tuviera.
  • Si el que tuviera en nuestras manos es un vino de crianza, la temperatura ideal deberá estar entre 16 a 18 grados centígrados, así apreciaremos su bouquet de la mejor manera.
  • Si el vino es de grandes añadas podría beberse hasta en 20 grados centígrados, aquí dependerá mucho el tipo de origen del vino.

La temperatura en los vinos blancos

Los vinos blancos definitivamente se disfrutan mejor fríos, más que los vinos tintos. Pero como en el caso de los vinos tintos, existen algunas variedades específicas de vinos blancos. Si el vino blanco que vamos a beber es un vino blanco joven, lo ideal es disfrutarlo por debajo de los 10 grados centígrados, hasta 7 u 8 grados es lo ideal, así resaltaremos sus aromas, sin llegar a desnudar su acidez o el sabor a alcohol.

Si el vino blanco es semiseco podríamos tomarlo hasta en 6 grados centígrados, destacaremos así su suave dulce y su sabor frutal. Los vinos blancos finos se disfrutan muy bien en 10 grados centígrados, entre ellos podríamos nombrar los vinos manzanillos.

Mención aparte reciben los vinos rosados, estos deben beberse preferiblemente por debajo de los 8 grados centígrados nunca menos de los 6 grados. Los cavas son recomendables beberlos entre 5 a 7 grados centígrados.