Etiqueta: Jerez-Xérès-Sherry

¿Está pasada la botella de Jerez?

Etiqueta JerezUna de las particularidades de los vinos Jerez es que no tienen añada. Se crían por el método llamado “de criaderas y soleras”. Todos habréis visto esa colección de barricas en las bodegas, unas encima de otras. Pues bien, el procedimiento para envejecer los vinos de Jerez es el siguiente: se embotella vino de la barrica que está apoyada en el suelo (llamada por eso solera), y se rellena esa barrica con la que está encima, con la que está conectada, y así sucesivamente hasta llegar a la de más arriba, que se rellena con el vino nuevo de ese año.

Al mezclarse vinos de distintos años, al Jerez que está en tu botella no se le puede asignar una añada concreta, por lo que nos asalta una duda: ¿Cómo sabemos que ese vino está en las mejores condiciones para ser consumido? O dicho de otra forma, ¿Está pasada tu botella de Jerez?

Para saberlo, tienes que fijarte en la fecha de embotellado, puesto que se considera que el vino, mientras está en la bodega, evoluciona positivamente, y que no es hasta que se embotella cuando corre el riesgo de echarse a perder. ¿Dónde está la información sobre la fecha de embotellado?

Si te fijas en la foto, hemos señalado un número marcado, que empieza por la letra “L”. Ese número es el que indica cuándo se ha embotellado el vino. Luego, en función del tipo de Jerez, sabrás si el vino que tienes en las mano está en las mejores condiciones o si está pasado. Eso sí, como el vino no es una ciencia exacta, puedes encontrarte ua botella en perfectas condiciones aún mucho después de la época en la que debería haber perdido cualidades, y al revés. Las condiciones en las que ha sido guardada la botella también tendrán mucho que ver en esto.

Los dos sistemas de codificación más común comienzan con la “L” en la etiqueta, junto con un número de 4 o 5 dígitos. En el código de cuatro dígitos, el primer dígito después de la “L” indica el año seguido por el día del año en que el Jerez fue embotellado. Así que el “L7137”, el código de la botella de la foto, se traduce en el día 137 de 2007, o 17 de Mayo del 2007.

Si la botella tiene 5 dígitos después de la “L”, entonces los 3 primeros dígitos indican el día de embotellado y los dos últimos son el año. Así que “L18409” indicaría el día 184 de 2009, o 3 de julio del 2009.

A partir de ahí, tienes que calcular el tiempo que ha pasado desde que el vino se embotelló, y evaluar si después de ese tiempo el vino está en fecha o no. Esto es particularmente útil no sólo para las botellas que tengas en casa, sino que también lo debes tener en cuenta cuando compres un Jerez en un sitio del que no conoces con qué frecuencia compran vinos de Jerez.

Ahora llega la ciencia incierta. ¿Cuánto tiempo se conserva un vino de Jerez en la botella? Dependerá de cómo se haya conservado, de la marca, incluso de la metereología. Pero un margen seguro podría ser éste:

  • Fino / Manzanilla: Consumido no más de 12-18 meses después de la fecha de botella y no más de 1 semana después de la apertura.
  • Amontillado / Palo Cortado: Consumido no más de 18-36 meses después de la fecha de botella y no más de 2-3 semanas después de abierto.
  • Oloroso / Cream: Consumido no más de 24-36 meses después de la fecha de botella y 4-6 semanas después de abierto.
  • Pedro Ximénez: Consumido no más de 24-48 meses después de la fecha de botella y 1-2 meses después de abierto.
  • ¿Os animáis a probar los vinos de Jerez? Desde aquí os recomendamos alguno:

    • Por la variedad de aromas que podrás disfrutar, tenemos que empezar con este Palo Cortado Península de Lustau, un vino complejo, elegante y especial. No puedes decir que no te gustan los jereces si no has probado este Palo Cortado.
    • El Pedro Ximénez “Alfaraz” quitará la razón a los que dicen que los vinos de Jerez son muy secos… y probablemente también te quite “el sentío”. Espléndido y muy bien de precio.
    • Y volvemos con Lustau, en este caso a por la Manzanilla Papirusa, el mejor vino para acompañar con la gamba de Huelva, o el cazón en adobo del Puerto de Santa María,… ¡anímate!

    Más info: Cómo leer una etiqueta de vino

    Vino en la Feria de Abril: ¡Ole, ole y ole!

    Terminó la Feria de Abril y me queda un sabor de boca inmejorable, de grandes ratos con buenos amigos y vinos especiales en el paladar.

    El norte no siempre es territorio amigo de finos y manzanillas -¿demasiados kilómetros de distancia?-. El Jerez todavía se asocia a ocasiones especiales, como la Navidad, cuando aparece en algunas barras como alternativa de aperitivo. La exportación de la fiesta sevillana por excelencia, sin embargo, está sirviendo para que el público de estos fríos lares se deje seducir por estos vinos generosos, de paladar tan especial.

    Una, que a veces tiene destellos inteligentes, se dejó enseñar por aquel novio andaluz -sí, el del Belondrade y Lurton- y aprendió que nada marida mejor con un buen jamón que una rica manzanilla.

    De aquellos polvos vienen estos lodos (¡esas risas!)… conservo en mi vida el amor al flamenco y el placer de disfrutar de la Feria de Abril en el mismo León. Qué mejor que reencontrarme con mi querido Íñigo Altuna, venenciador callado pero encantador donde los haya. Con él me dejo querer por las copas frescas de Fino Quinta, ese Jerez suave y perfectamente estructurado con el que acompañamos puntillitas, papas aliñás y salmorejo.

    Confieso, eso sí, mi debilidad por la manzanilla, y os propongo algunas de mis favoritas:

    • La Guita (Hijos de Rainera Pérez Marín), porque se encuentra fácilmente en muchos supermercados, ligera en boca y muy equilibrada, con toques de levadura fresca y tiza.
    • Papirusa (Lustau), seductora hasta en su nombre, de alusión tanguera, con un toque salino que la hace ideal para acompañar pescados y mariscos
    • Y las sacas por estación de Barbadillo, ediciones limitadas en formato de 37,5 cl, verdaderas joyas que deben consumirse con rapidez y que tienen el encanto de dejar sus características organolépticas a las condiciones climáticas de la temporada.