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Nino y Bea nos explican su estancia enológica con PlanB

Es sábado por la mañana y el día se despierta con un sol espectacular y un cielo especialmente despejado. Escogemos la mañana para subir a Montserrat, ¿por qué no? Un soleado sábado cualquiera de marzo, nos parece una muy buena elección. Desde arriba, Cataluña a los pies, de Collserola hasta los Pirineos con sólo cambiar el ángulo de visión, y a los pies, esa basta extensión de tierra que da origen a la D.O. Penedès, una curiosa área que posee una inexplicable diversidad de microclimas.

Descendemos al ritmo del cremallera, y ya con hambre, escogemos un restaurante al azar, en Monistrol, acertamos con una carta que ofrece no sólo platos del lugar, sino también vinos. Nos lanzamos a la piscina, y sin referencias previas, pedimos un vino hecho a las faldas de Montserrat. Es así como descubrimos el Ca Nestruc Idoia Crianza 2005 que nos resulta ideal para acompañar las berenjenas y la contundente butifarra que nos sirven.

Can Bonastre

Con el estómago lleno y la botella vacía, llega el momento de iniciar nuestro PLAN B, así que nos dirigimos al otro lado de Montserrat, escogemos esta vez salirnos del camino convencional y coger unas precarias carreteras a los pies de la montaña.  Un complicado pero motivador camino completamente envuelto entre viñedos y bodegas, y allí está, al final de nuestro camino esa imponente Masia que es Can Bonastre. Aparcados entre viñedos y antiguas prensadoras nos sorprende un carrito de golf para llevarnos hasta el interior: este PLAN pinta bien.

A la entrada nos reciben con un cava rosado de producción propia, es fresco y joven, e invita a sentirse a gusto, y hasta se hace curioso el hecho de que sea la única variedad de la casa que no se comercializa fuera de su propiedad. El hotel, corrijo, el Wine Resort Can Bonastre, respira adoración por el vino y el buen hacer. Ya en la habitación nos espera un Can Bonastre Crianza 2005 para darnos una calurosa bienvenida. Pasamos la tarde paseando entre las 5.000 Ha de viñedos de la propiedad, viendo como Montserrat va cambiando de tonalidad mientras el sol cae y llegamos al mejor momento: la cena degustación.
Iniciamos de nuevo con su fresco cava rosado, para despertar las papilas gustativas ante el desfile de platos que nos espera. Se suceden platos combinando en sus ingredientes aceites y vinos de la casa, y empezamos el maridaje con un Can Bonastre Blanco 2008, para proseguir con un Nara 2006, y tras, no lo sé, creo que hemos perdido la cuenta, aparece un creativo carquiñoli con helado de avellana que acompañan con un particular vino dulce exclusividad del Tribia que nos hace terminar con un más que buen sabor de boca.

PlanBEl domingo Can Bonastre, despierta tranquilo, entre el silencio del lugar y sus tan sólo 12 habitaciones, el desayuno (esta vez sin vinos) se sirve relajado con vistas a Montserrat, y uno piensa que no puede existir mejor manera de empezar el día y despertar los sentidos.
Tras el desayuno nos espera Pablo, un joven y simpático somelier, dispuesto a descubrirnos los secretos de la casa.  Un curioso paseo entre barricas e historia nos lleva a conocer el Alma Mater de Can Bonastre de primera mano, invitándonos, una vez más, a probar sus vinos, y nos abandonamos a la cata, esta vez de la mano de un profesional, que bajo su guía, nos permite apreciar matices que podían habernos pasado por alto.

Y así, copa en mano, se inicia el fin de un más que estupendo PLAN B que ha dejado un sabor de boca redondo, amplio y persistente. Dar las gracias por este regalo, sería una expresión demasiado banal, pero como pequeño regalo os descubrimos la pequeña joya del lugar, que acumula premios allí donde va: el Maurel 2007.

Bea y Nino.