Etiqueta: bodegas

Vino y marketing del vino (I)

“Si lo construyes, vendrán”. Ese era el mensaje que recibía Kevin Costner en la película “Campo de Sueños“, y que le impulsaba a crear un campo de béisbol. En el mundo del vino, muchos bodegueros creen que si elaboran un buen caldo el éxito vendrá pero, ¿es así siempre o hace falta un empujón de marketing?

Las grandes bodegas construyen su prestigio a lo largo de décadas, incluso siglos, sacando el mejor partido de sus cepas bajo todo tipo de circunstancias: cambios climáticos, cambio en la gestión, en los procedimientos, nuevos enólogos… Cambiar todo para que nada cambie. Por encima del momento coyuntural prevalece la filosofía y la historia de la propia bodega, que en la mayoría de los casos equivale a decir la historia de una familia.

Frente a esta concepción del vino y su industria, surgen en los últimos años un grupo de bodegueros de nuevo cuño, algunos acompañados de grandes inversiones, que deslumbran al mercado con vinos innovadores, atrevidos por utilizar coupages distintos a lo tradicional, por cultivar en zonas sin tradición o incluso por algo tan aparentemente banal como utilizar un packaging diferente. Suelen venir acompañados por altas puntuaciones en las guías y una campaña de marketing que automáticamente los convierte en bestsellers.

Que el marketing se ha convertido en una herramienta de éxito se demuestra en vinos como los de Bodegas Habla (Bodegas y Viñedos de Trujillo), que, sin haber sacado una sola botella al mercado, ya había generado una expectación sin precedentes ante el lanzamiento de su primera cosecha en 2007.

Bodegas Habla

Eso no es, por supuesto, un demérito para el vino, sino un éxito para el departamento de marketing de la bodega. Ahora bien, ante semejante despliegue cabe la duda de si un vino de menor calidad habría tenido un éxito semejante (por encima de su calidad),o si habría sido flor de un día. También dice mucho de lo influenciables que resultamos los que hablamos de vinos, y lo mucho que, a veces, nos copiamos los unos a los otros en temas y opiniones. Si un vino se pone de moda todos se sienten obligados a hablar de él, para no parecer fuera de onda.

Esto también tiene un riesgo, y es que se genere una reacción contraria a la que en un principio se pretendía. El público, saturado de información, puede catalogar los vinos como “comerciales” o “productos de marketing”, y rechazarlos con los mismos prejuicios que los que lo aceptan sólo porque se habla mucho de él.

El objetivo de una bodega ha de ser la perfecta equidistancia entre marketing y trabajo. Como dicen en Menorca, “entre poc i massa sa mesura passa”, o dicho en castellano, “en el medio está la virtud”.

Bodega casera: los errores más comunes

El vino es un elemento vivo en continua evolución, muy delicado de conservar; exige sobre todo sensibilidad ante el problema.

VinotecaSi se desea instalar una bodega casera en un chalé hay algunas consideraciones a tener en cuenta:

  • Elegir una habitación orientada hacia el norte o, como mucho, al noroeste y que se encuentre en la planta baja, que es la zona más fresca.
  • Procurar que las paredes sean gruesas para mantener la temperatura lo más constante posible y aislar las botellas de ruidos, olores, etc.
  • Tener en cuenta que el suelo idóneo es tierra batida o arena.
  • Buscar un lugar ventilado y sin mucha luz; si se trata de una habitación pequeña y sin ventanas es imprescindible instalar un extractor.

Si lo que se tiene es un piso, hay que:

  • Escoger la habitación más interior con ventana a un patio sin sol. Es importante que no tenga calefacción ni demasiada luz.
  • Adecuar ese espacio con aparatos acondicionadores que regulen la luz y la humedad y forrar las paredes con aislantes adecuados: poliuretano expandido, fibra de vidrio, etc.

Los errores más comunes

El problema del espacio obliga a veces a adoptar soluciones de emergencia y a improvisar bodegas en cualquier sitio que sólo consiguen echar a perder el vino. Lo más habitual es echar mano de un rincón del garaje, probablemente lleno de olores a gasolina y aceite, además, por supuesto del CO2 de los motores y del ruido y trajín atronadores.

También suelen ser una solución frecuente los trasteros, espacios ciegos sin aislamiento ni ventilación que contribuyen también a estropear el vino. En cuanto al socorrido armario de la cocina, nada más inapropiado: la proximidad a las vibraciones de la nevera, lavadora o lavavajillas y al calor de los fuegos o del horno inciden tan negativamente en los vinos que lo más probable es que, cuando vayamos a beberlos, se hayan convertido en vinagre.  

La costumbre de jugar a bodeguero y tener en casa un barrilito, no es más que eso, un juego, porque en un domicilio no se pueden imitar las condiciones que se dan en una bodega auténtica. Si desea ahorrarse el disgusto de comprobar que después de tanto mimo el vino está para tirarlo, mejor abstenerse de los toneles caseros.

La bodega en casa

Cómo hacerse una pequeña bodega en casa

Cualquier aficionado al magnífico mundo del vino ha pensado alguna vez en montar una pequeña bodega en su casa; y no sólo porque desee tener al alcance en cualquier momento buenas marcas en perfecto estado, sino también porque así puede comprar vino en condiciones ventajosas: se adquiere sin haber acabado su envejecimiento y luego se deja que finalice la crianza en casa, cuando su valor en el mercado se habría multiplicado.

Bodega caseraSin embargo, el problema surge con las instalaciones domésticas: lo más frecuente es que no se disponga de un espacio adecuado, por lo que se recurre a soluciones de emergencia que no hacen otra cosa que echar a perder el vino que con tanto mimo e interés se desea conservar.

Solamente maduran bien los vinos que se hayan elaborado para el envejecimiento, es decir, de nada servirá guardar un vino joven durante años en una buena bodega, casi seguro que cuando se vaya a beber se habrá estropeado. Los vinos que se pueden guardar son los crianzas, reservas y grandes reservas, que ya han madurado en barricas de madera y en botellas lo suficiente como para que continúen haciéndolo después en las bodegas particulares.

Para conseguirlo, el espacio destinado a guardar vinos debe reunir unas condiciones: mantener una temperatura constante, que no oscile más allá de los 8°C a los 18°, con una media ideal de 12°C todo el año. Si sube la temperatura, los vinos blancos experimentan fermentaciones secundarias y los tintos aceleran el proceso de oxidación. Por el contrario, temperaturas inferiores enturbian el vino y alteran su color. Por ello es fundamental tener un termómetro para controlarlo en todo momento.

Lograr un ambiente suficientemente húmedo: la humedad del aire no sólo no perjudica la correcta conservación y envejecimiento del vino, sino que es necesaria; pero también es importante que no sea excesiva, porque en este caso, abonará la aparición de mohos y los vinos adquirirán un característico tufo a humedad. Lo ideal es que no baje del 80% porque la sequedad afecta a los corchos, que se encojen y dejan entrar el aire.

Aislar de ruidos y olores: aunque el vino no “oye”, las vibraciones y los ruidos le perjudican enormemente, porque lo agitan y producen importantes alteraciones organolépticas. Los botelleros deben estar aislados de la nevera o de cualquier aparato con motor. En la habitación que sirva de bodega, no se tienen que realizar trabajos que produzcan ruidos o vibraciones. Respecto a los olores, también penetran en las botellas; por eso, no se puede guardar el vino junto a sustancias como pintura o gasolina; ni cerca de alimentos que desprendan aromas fuertes, por ejemplo, el queso o el jamón.

Conviene asegurarse de que haya suficiente ventilación, para que el aire se renueve. Asegurar la ausencia de luz: el vino se estropea si está expuesto largo tiempo a la luz; por ello, la de la bodega debe ser muy tenue, porque si no, se produce una oxidación muy rápida que los expertos reconocen luego al catar el vino y denominan “sabor a luz“.

Disponer las botellas en horizontal: el vino debe reposar en posición horizontal para que el corcho esté siempre humedecido; lo más práctico es apilar las botellas, procurando que no haya que mover muchas para encontrar la que vamos buscando. Por esta razón el orden es fundamental.

La verdadera historia del vino Demencia 2006

Ya hemos comentado en Uvinum que hablar de vinos no es más que contar una historia. Una historia sobre un mundo apasionante, que mezcla tradición, sentimientos y conocimientos. Y desde hoy queremos introducir en el blog de Uvinum historias contadas por los propios productores, los verdaderos artistas de la elaboración del vino.

Y en esta primera historia, contada por Nacho León, el productor de Demencia 2006, de la bodega Demencia de autor, nos relata una apasionante historia, una forma interesantísima de cómo ha llegado a producir su vino.

Si tú también quieres contar a nuestra comunidad tu historia, ¡no dudes en ponerte en contacto con nosotros!

La verdadera historia de Nacho León y su vino Demencia:

Tengo la firme creencia de que el vino está íntimamente ligado con las personas, y creo asímismo que el vino transmite y está también unido a la naturaleza de una manera estrechísima.

DEMENCIA es un proyecto que nace y crece en el Bierzo. Con esto quiero decir que DEMENCIA realmente estaba mucho antes que nosotros: son las cepas, los viñedos, los suelos, la variedad Mencía, las tradiciones de la zona, sus gentes, su herencia, su problemática, su climatología… con DEMENCIA tratamos de traducir todo esto en una botella de vino. Pero no se queda ahí, se trata de una experiencia de personas, que nos ha transformado un poco a todos, y de la que muchos ya se han hecho partícipes de una manera desinteresada, un bonito sueño que no sabemos hasta dónde nos llevará.

Nacho León, productor de Demencia

Un sueño que en un principio se concretaba en obtener un gran vino, apoyándonos en nuestra manera de entender el viñedo, su suelo y las uvas de la variedad Mencía. Una elaboración artesanal, una cuidadosa crianza y un consumo tradicional asociado a la cultura pero, sin dejar de lado las últimas tendencias y respondiendo a los cambios de manera rápida y eficaz.

Para ello creemos en un proyecto sostenible, capaz de aportar valor a nuestra uva permitiéndonos, además, mantener y recuperar nuestros viñedos. Simplemente queremos encontrar un medio de vida, respetuoso con el medioambiente y con el pasado, que nos permita disfrutar de lo que más nos gusta: el vino natural.

 

DEMENCIA empezó como un juego, en ningún momento el tema económico fue ni es prioritario. Observábamos que siempre se seguía el mismo esquema a la hora de desarrollar un proyecto vitivinícola: inversión, plantación de viñedo, construcción de bodega, compra de uva, conformación de equipo técnico, elaboraciones, crianzas, elección de marcas, marketing operativo y a vender. Lo último: el vino.

Nosotros queríamos cambiar todo: lo primero el vino (en consecuencia: la viña y la uva), los demás estamos a su servicio. Nuestro secreto: lo único que hacemos es “escuchar” a la uva. ¿una locura no? Por eso elegimos este nombre. Sí, estamos un poco locos pero ¿por qué? ¿Por qué hacemos las cosas al revés? Nos encanta.

Y nos encanta la Mencía, es una variedad genial, delicada, sutil, sexy, fresca, intensa… siempre por descubrir. No sabemos si es la mejor, pero es nuestra uva.

Todo esto se explica al visitar nuestras viñas. Parecen tener algún tipo de magia, de un encanto sobrenatural. La perfecta integración de las plantas con el suelo, con otras plantas, con los animales que cohabitan en este maravilloso hábitat, transmiten una tranquilidad, paz y grandeza, que parece transmitirse a la materia prima. Pasamos mucho tiempo en nuestras viñas: observando, realizando labores culturales o a veces, simplemente pasando un rato, o conversando. Tratamos de minimizar al máximo el uso de productos no naturales en la viña.

DEMENCIA no quiere ser un vino definido; las circunstancias de cada año, la climatología, nuestro estado de ánimo, la naturaleza, imprimen un carácter único a cada añada. Nosotros controlamos las “constantes vitales” de todo el proceso, pero se trata de un proceso natural del que nosotros somos solo “tutores” y espectadores de excepción que tratamos de disfrutar y aprender al máximo.

Como no queremos utilizar maquinaria pesada, y queremos optimizar al máximo los recursos energéticos; realizamos las fermentaciones en depósitos de reducidísimas capacidades (1.500 litros) de manera que el control de la temperatura, y el contacto del elaborador con el vino es máximo. Sí, es una elaboración de riesgo, pero nos encanta.

La crianza en las barricas se realiza del mismo modo, con frecuentes catas de seguimiento, pero de una manera natural, dando tiempo a tiempo, y respetando los ciclos naturales. El periodo y método de crianza en todas nuestras añadas ha sido muy similar, pero en cada caso ha tenido sus particularidades. Se trata de un proceso artesanal.

Nuestra primera añada fue el 2006. Tan sólo elaboramos 1.924 botellas, felizmente exitosamente vendidas en el mercado nacional y europeo.

En la añada 2007 hemos incrementado un poquito la producción (4.608 botellas) pero hemos respetado y llevado al límite los valores iniciales del proyecto.

El resultado es un vino único, de carácter especial, con el que estamos disfrutando enormemente, y esperamos hacer disfrutar a mucha gente, compartir nuestras vivencias y el producto de nuestra tierra.

Nosotros hemos dejado nuestros trabajos y estamos volcados en este alocado sueño, estamos muy contentos y orgullosos de ser diferentes y de que haya gente a quien les guste. Espero estar a la altura del vino para poder transmitirlo al mayor número de gente posible.

La dificultad de ser productor de vino

Tengo la suerte de haber vivido desde la infancia en el mundo del vino, ya que mi familia se dedica desde hace generaciones a ello como productores en el Valle del Ródano. Pero a veces, cuando hablo con gente sobre ello me dicen: “Qué suerte” o “Qué bonito trabajo esto de ser productor“… y otras cosas parecidas.

Creo que es bueno aclarar la realidad de la vida de ser productor de vino. Y la realidad es todo menos bonita. La realidad es que la vida de productor es durísima, por varios motivos:

  • Ya no basta con entender de vinos y la elaboración de los mismos, sino que se necesita ser un gestor y financiero  brillante, que sepa liderar una empresa , y que sea un magnífico comercial que sea capaz de dar guerra e ir a crear mercado tanto en su zona como en su propio país como en la exportación.
  • Se trata de un sector en el cual (salvo raras excepciones) los márgenes son pequeñísimos, y la fuerza del canal Retail y Horeca aprieta tanto que se vende casi sin beneficio.
  • Un sector que es una agricultura, con lo que las intemperies y posibles desgracias (granizo, lluvias durante las vendimias, etc.) están a la orden del día y pueden dejarte de golpe sin producción y sin ingresos lógicamente durante 1 año.
  • Un sector que ha visto desde hace unos años llegar una competencia desde los paises del nuevo mundo que son mucho más competitivos en precio.
  • La vida de un productor es además muy dura en cuanto a horas y días de trabajo. No descansan nunca entre el trabajo de la tierra, las ferias, la venta…
  • Un sector en el cual la aparición de grandes empresas de vinos y licores con grandes medios y fuerza comercial ahoga a los pequeños productores porque es muy difícil luchar contra eso.
  • Un sector en el que el legado se transmitía de padre en hijo, pero muchos de los hijos a día de hoy no quieren trabajar en ello. Y el vino es algo que transmite familia, personalidad, tradición… y no puede subcontratarse la gestión a un tercero.
  • Un sector que ha pasado por excesos de producción continuos y bajadas de consumo en países grandes como España que no tienen previsto solucionarse en breve.
  • El productor lucha también contra los gobiernos, ministerios de sanidad  y las leyes, que buscan cada día más considerar al vino como la causa de muchos males.

Pese a todo esto, ser productor es una bendición y un trabajo que se realiza sobretodo por amor y ello compensa todos estos males. Por amor a la familia, a unas tierras, a una tradición, a una forma de vivir y sentir la vida.

Así que yo más bien diría sobre ser productor: Es el trabajo más duro y extenuante que conozco, y sólo se hace por amor.