“Hay limonada”

Los foráneos que se acerquen estos días a León, mi ciudad, lo harán buscando esa Semana Santa del norte recia y solemne, en nuestro caso nada menos que declarada de Interés Turístico Internacional. Lo que no sé si esperan encontrarse es el bullicio que a pesar del posible -y habitual- frío se apodera de las calles, incomparable al de ninguna otra época del año. Y es que en León la Semana Santa son procesiones y, entre procesión y procesión, alterne; pero un alterne un tanto peculiar porque se hace… asesinando…

Hay limonadaNo se asusten los más políticamente correctos y disculpen la expresión, que parece tener origen medieval, pero en León nos pasamos la Semana Santa matando judíos.  Dicen que a principios del siglo XIV, cuando los cristianos leoneses habían tomado por costumbre atacar a los judíos locales el Viernes Santo para vengar la muerte de Jesús, las autoridades hicieron una excepción a la austeridad propia de las fechas y, para distraer el ánimo de los atacantes y disuadirlos de su intención, permitieron que en las tabernas del camino a la judería se consumiera una bebida alcohólica suavizada, a base de vino, zumo de limón y azúcar.

Ese se cuenta que es el origen de la limonada, que hoy se sigue sirviendo en todos los bares -“Hay limonada”, se lee por doquier- y que justifica un auténtico peregrinaje, en el que cada leonés y cada visitante se erigen en catadores improvisados en busca de las mejores elaboraciones de la ciudad.

Hoy la absurdamente inflexible legislación sanitaria complica la confección tradicional de la limonada, que después de esos inicios mencionados se sofisticó con la adición de cítricos, canela y frutas secas, una especie de sangría pero diferenciada de ésta por el dulzor y los aromas de especias, higos, pasas… Muchos son los bares que se han conformado con vender preparaciones industriales pero muchos otros también han buscado la forma de seguir ofreciendo un producto auténtico. La tradición sigue viva.

Para los que prefieren una opción menos dulce, tratándose esta de una tierra de vino, qué mejor que aprovechar la visita para probar alguna referencia de la zona. Son vinos que empiezan a despuntar y ofrecen una excelente relación calidad-precio, tanto en tintos como en rosados y ya, incluso, blancos.

Como sugerencias de la Tierra de León:

  • Vino Tinto: Pardevalles Gamonal, que podemos comprar en tienda por unos 7 euros/botella. Un vino fresco aunque goloso, con fruta roja madura y cierto toque amargo, estupendo para chateo y muy aceptable para comer.
  • Vino Rosado: La senda del burro (menos de 9 euros/botella), sin duda uno de los grandes, aunque menos conocido que otros; fresco, con fresa, cereza y otras frutas rojas.
  • Vino Blanco: Pricum Albarín barrica, fermentado y criado durante siete meses en fudre oval de roble francés. Manzana (parte de la uva se trae desde Asturias), aromas tropicales y un toque cítrico en un vino intenso y largo en boca, que tiene detrás nada menos que a Raúl Pérez, con lo que no es de extrañar que esté tan bien desarrollado. 13€/ botella.

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