Enoturismo para vender vinos

Atrás quedaron las épocas en las que el turismo rural significaba ir al pueblo de la familia a comer los platos de la abuela. Hoy, el turismo rural abarca una amplia oferta de alojamientos y actividades entre los que se cuenta, cada vez con más fuerza, el enoturismo.

Hasta hace poco las bodegas sólo abrían sus puertas como un instrumento de marketing, para agasajar a clientes importantes o celebrar reuniones de fuerza de ventas con sus distribuidores. El creciente interés por los vinos y la cultura que les rodea ha ayudado a impulsar la creación de espacios dedicados al ocio y al disfrute del vino dentro de los terrenos de las bodegas, tanto para impulsar la imagen de marca como para generar beneficios por sí mismos.

El ejemplo más conocido de este nuevo modo de entender la cultura del vino es el de Marqués de Riscal, en Rioja, que creó un edificio diseñado por Norman Foster donde se pueden alojar los más exclusivos amantes del vino en una de sus 43 suites equipadas hasta el último detalle. También, de mano de su chef Ramón Piñeiro, se pueden degustar los platos más vanguardistas en sus restaurantes y bistrós dirigidos por Francis Paniego, poseedor de 2 estrellas Michelín, en Echaurren y El Portal de Echaurren.

Otro proyecto diferente, esta vez en Portugal, lo representan las bodegas Herdade do Esporao, en el Alentejo. Esta bodega, que produce aproximadamente 12 millones de botellas al año, y tiene como vino de bandera el famoso “Monte Velho“, se distingue por su protección de los hábitats naturales. Poseen una finca de más de 1800 hectáreas (de las que sólo 600 se dedican al cultivo de vides, y 40 al de olivos), en un entorno que representa fielmente el sotomonte portugués.

Herdade do Esporao

Foto: Juan Manuel Pérez Zubizarreta

La bodega está inscrita en el proyecto europeo “Countdown 2010“, por el que se compromete a respetar y cuidar el medio natural, y se pueden contemplar en la finca más de 350 especies distintas de fauna y flora, entre las que destacan las aves acuáticas y la joya de la corona: una pareja de cigüeñas negras.

Como colofón de la visita, nada mejor que recrear los sentidos con un almuerzo típico en su restaurante, acompañado de una cata de sus mejores vinos. En su afán por investigar y seleccionar las mejores cepas, disponen de variedades tan diversas como la Touriga Nacional o la Aragones, hasta otras más sorprendentes en la zona como la Petit Verdot y la Semillon, de la que son probablemente los únicos productores en toda Portugal.

En cualquier caso, si lo que te atrae es el lujo más exclusivo o la protección de la biodiversidad, ahora puedes encontrarlo todo sin renunciar al placer de degustar los mejores vinos.

La leyenda del Casillero del Diablo

Los vinos de procedencia chilena gozan de muy buena fama, ya sea por su gran calidad y su excelencia, pero existe un vino en particular que su fama se debe más a una leyenda que ha otra razón en particular. Este vino es considerado uno de los más famosos de los vinos chilenos, procedente de la Viña Concha y Toro, y que tiene como eslogan la sugerente frase: “La leyenda del Vino”.

La leyenda del Vino

La leyenda empieza a mediados del siglo XIX (1871), cuando Don Melchor de Concha y Toro, dueño y fundador de la Viña Concha y Toro (Chile), reservaba sus mejores botellas de vino para él y sus allegados, pero estas joyas embotelladas desaparecían extrañamente, a pesar que eran guardadas bajo llave. Don Melchor no tuvo mejor idea que inventar un oscuro rumor, rumor que sostenía que en aquellas bodegas habitaba el Diablo.

Concha y ToroEl rumor fue suficiente para frenar la desaparición de sus mejores vinos. De esta casi anecdótica leyenda, y así como la trascendencia de la buena reputación del vino, la leyenda se propagó como reguero de pólvora entre los pobladores de aquel lugar. Así nació el vino más famoso de las viñas chilenas, llamado hoy con justa razón “Casillero del Diablo”.

Hoy han pasado más de 100 años de la creación de la leyenda, pero como todas las leyendas siguen perdurando en el colectivo de los que de alguna manera son partícipes de ella. Ahora además de la “gran leyenda” los vinos de Concha y Toro son avalados por su calidad.

Otras leyendas

La leyenda del vino “Casillero del Diablo” quizá sea la más famosa y célebre en los vinos, pero no es lo única. Existen algunas más que también están llenas de fantasía y fascinantes relatos.

Una de las más famosas es la leyenda de la invención del vino, esta peculiar historia proviene del cercano oriente, en Persia para ser más precisos. La leyenda cuenta que un emperador guardaba las uvas en sus bodegas, estas empezaron a fermentar y de ella emanaba un evidente olor a vino, este aroma fue confundido por los habitantes por veneno. Una cortesana al enterarse de estos rumores decidió suicidarse probando el dichoso veneno, el rey bajó a sus depósitos al enterarse de la fatal decisión de dicha cortesana, él con la idea de encontrar el cuerpo muerto de la cortesana, pero para su sorpresa la encontró danzando y muy feliz, el vino se había descubierto.

Vinos de reserva

¿Qué significa que un vino es de reserva? ¿De qué hablan los expertos cuando dicen que un caldo es complejo? Cuanto más caro sea el vino, ¿es mejor? ¿Qué determina que una botella sea excelente? Estos son algunos de los tantos interrogantes que deben descifrarse a la hora de elegir un vino. El mercado exige a los compradores estar cada vez más informados, para no abrumarse ni confundirse frente al exceso de oferta de variedades de uvas y estilos de vinos. Esto o las recomendaciones de vinos en Uvinum, claro. O las 2 cosas.  😉

La posibilidad de que un vino se convierta en un gran vino, depende de la capacidad del enólogo, puesto que es él quien deberá elevar las uvas a su máxima expresión, para que al finalizar su vinificación resulten en un líquido amable y seductor. Si bien existen múltiples recetas, a grandes rasgos el proceso de creación de un vino nace en la cosecha.

Una vez en la bodega, los racimos son despalillados, es decir, se separan las partes verdes como las varas que unen a las uvas y los cabos. Luego, la uva es trasladada a un recipiente para su posterior fermentación. En el caso de los vinos tintos, las uvas permanecen macerando un tiempo para extraer, entre otros, el color, ubicado en la piel de la uva. Para los vinos blancos, por otra parte, se separa la pulpa del hollejo inmediatamente.

En tanques de acero inoxidable refrigerados, tinas de cemento abiertas, barricas de roble o toneles, dependiendo de cada bodega, el jugo de uva se convierte en vino a través de la acción de microorganismos llamados levaduras, que consumen el azúcar natural de la fruta desechando etanol y anhídrido carbónico.

Por otra parte, durante este proceso, se generan nuevos aromas y sabores en el vino, distintos de aquellos naturales de la uva, llamados primarios. Estos compuestos “secundarios” son los responsables de que, por ejemplo, el Sauvignon Blanc desprenda notas de espárragos y de pasto cortado, tal como lo definen los expertos.

Vinos ReservaAl culminar la transformación, en el caso de los vinos creados para ser consumidos jóvenes, sólo restará un paso por procesos de estabilización y filtrado, que aseguren la longevidad de por lo menos 1 año del vino antes de ser embotellado. No obstante, para aquellas etiquetas que pretendan llevar con orgullo el título de crianza o reserva, resta aún una estancia en barricas de roble o botella, que puede variar entre 3 y 18 meses de reposo, dependiendo de lo que busque el enólogo.

De todas maneras, las líneas de elaboración de un vino no son inamovibles; cada maestro tiene su libro, y en este caso, cada enólogo tiene su receta.

Guía para comprar vino y tomarlo

La semana pasada os proporcionábamos algunas indicaciones sobre cómo elegir un buen vino, pero no todas, claro. Así que vamos a continuar dando pistas.

Comprar vinoLos vinos creados para guarda son minoría. La mayor parte de las etiquetas del mercado están diseñadas para ser consumidas en un período máximo de 2 años; esto sucede con la mayoría de los vinos blancos y los tintos denominados jóvenes. Por ejemplo, cuando los productores establecen uva y fecha de cosecha únicamente, están comunicando que el vino fue diseñado para ser consumido en un máximo de 2 años. Habitualmente, éstos son muy livianos, afrutados y fáciles de tomar. Si además del año y las uvas se especifica en la etiqueta que el vino es de reserva, lo que quiere decir es que el caldo estuvo guardado al menos 6 meses en recipientes de madera, usualmente barricas de roble francés o americano, antes de su comercialización.

Cuanto mayor sea el tiempo pasado por el vino en la madera, por lo general, más costoso será el vino. Este tipo de crianza le aporta mayor longevidad, puesto que aumenta su contenido en taninos, componente relacionado con la sensación de astringencia en la boca.

Un vino reserva puede conservar sus propiedades entre 3 y 5 años, aunque hay excepciones. Por último se encuentran los vinos de guarda, pensados para ser consumidos al menos 6 años después de su producción (hay quienes lanzan estos vinos con el suficiente añejamiento para hacer posible el consumo en el momento de la compra).

En el llamado Nuevo Mundo vitivinícola (América, Australia o Sudáfrica, entre otros), si bien no existen reglas que identifiquen legalmente los tipos de vinos que se ofertan en las góndolas, hay términos que se repiten y que brindan al consumidor pistas de su elaboración. Cuando una etiqueta indica “varietal” significa que está hecho con una única cepa, como Tannat o Cabernet Sauvignon, por ejemplo. Las botellas producidas, en cambio, con 2 variedades, se llaman “bivarietales“, mientras que los vinos de corte (o assemblage o coupage) son aquellos que mezclan 3 o más tipos de uva.

Reglas de consumo: las copas de vino

La duda está siempre sobre la mesa: ¿Qué tipo de copa debemos usar para tomar vino y cuál es el límite de su servicio? Si bien existen copas diseñadas para potenciar al máximo el aroma o fragancia de cada variedad (para ChardonnayMerlot o Syrah, por ejemplo), lo habitual es que se elija entre 3 tipos:

  • standard de 125 ml
  • generosa de 175 ml
  • grande de 250 ml

En todos los casos, más allá del recipiente, al momento de volcar la bebida lo más indicado es llenarla hasta cubrir un cuarto de su volumen. De esta manera, será posible airear el líquido para volatilizar sus olores sin derramarlo.

Respecto a la forma de las copas, cada tipo de vino requiere una forma especial para mejorar su sabor y aroma:

  • Para los vinos blancos o rosados (que deben beberse frescos) se usan copas altas y de pie fino. Así, si se cogen éstas por el pie, la mano no tocará la copa y no calentará el vino.
  • Para los vinos tintos con cuerpo, son ideales las copas de pie corto.
  • Para los vinos tintos ligeros, las  copas más adecuadas son panzudas y que se estrechan arriba.
  • Para los cavas/champán y los vinos espumosos, las copas ideales son las copas altas y estrechas.

Los vinos de calidad

Así como Dom Pérignon descubrió el método para introducir burbujas en el champagne, Arnaud de Pontac, propietario del reconocido Château bordolés Haut-Brion, fue una figura clave para el nacimiento de los vinos de calidad. Hoy no sorprende ver a un bodeguero bajar el rendimiento de sus viñedos, para luego utilizar los mejores racimos. De la misma manera que es habitual encontrarse con enólogos que cuidan la vinificación de sus uvas, cual si fueran pintores frente a un lienzo en blanco. Pero hasta el siglo XVII, esta preocupación por crear el caldo perfecto no existía.

Vinos de calidad

Más que cambiar la forma de percibir el vino, lo que Pontac buscaba era construir una reputación basada en la calidad, que le permitiera elevar justificadamente el precio de sus botellas; la etiqueta más barata de este cháteau cuesta en Francia alrededor de 200 euros. No obstante, no fue sino hasta la llegada de la revolución industrial que el sueño de Pontac alcanzó al resto de los productores, en especial a los de vino de mesa. Este fue el punto de partida de una carrera en pos de la excelencia que aún no culmina, en la que participan todas las categorías de vinos: reserva, crianza, gran reserva, vino del año y vino de mesa, entre otros. El objetivo de esta búsqueda no sólo es el de conquistar compradores, sino también el de informar al consumidor sobre lo que toma, algo que no siempre se logra.

Existen métodos para evaluar el éxito o el fracaso de cada botella. Lo importante no es poder contabilizar la cantidad de fruta que tiene una botella. En el vino, lo fundamental es encontrar equilibrio y complejidad. Estos 2 elementos son los que definirán a una gran botella de vino.

El equilibrio implica que ninguna nota resalte por sobre las demás. Por ejemplo, que no sea amargo, demasiado frutal o que su acidez pinche la boca. Por otra parte, aunque la palabra complejidad para la mayoría de los consumidores no signifique nada, su uso señala que en la copa se pueden percibir múltiples aromas, sabores y texturas, relacionados tanto con el viñedo, la uva, el proceso de vinificación y su crianza.

Por ejemplo, un Cabernet Sauvignon de Coonawara (Australia) del año 2000 pensado para ser descorchado en 10 años, en el 2010 tiene no sólo aromas a cassis (típico de la variedad), sino que además posee una nota algo mentolada producto de la tierra donde se cultivó la vid; desprende algo de chocolate, vainilla y tabaco de la madera con la que se crió; y en la boca recuerda también al cuero o la carne de caza, relacionados con la evolución del vino después de una larga crianza. La presencia de aromas frutales y herbáceos indica que la botella está bien conservada y que podría permanecer en la cava de su dueño durante algún tiempo más. Esta proyección de guarda se confirmaría si además el vino tuviera una acidez y una astringencia moderada, esta última indicadora de la presencia de taninos, relacionados con la conservación del vino. Esto es lo que se define como el ejemplo de un gran vino.

El vino de Canarias y su riqueza

Podemos pensar que por sus cálidas condiciones meteorológicas, las Islas Canarias no producen vinos satisfactorios. Nada más lejos de la realidad, pues en Canarias hallamos caldos de gran calidad, surgidos de la tierra más volcánica y una tradición ancestral de varios siglos. ¡Apúntate al vino canario!

Denominaciones reconocidas

Cuenta con diversas Denominaciones de Origen muy preciadas y encontradas en restaurantes gourmet a nivel tanto nacional como internacional. Algunos ejemplos son la DO Gran Canaria, que abarca toda la producción de esta isla y destaca por sus variedades de tinto (Negramoll, Tintilla y Malvasía Negra).

Otra variedad es la DO Lanzarote, que en su región de la Haría cuenta con 3.350 hectáreas de viñedos que dan vinos afrutados y frescos. La de El Hierro es otra denominación con nombre, que presenta variedades de uvas blancas (Albillo, Bastarda, Bermejuela, Breval, Burrablanca…) y negras (Listán, Bastardo, Negramoll, Tintilla, Vijariego y Malvasía rosada).

También destacan las DO Ycoden Daute Isora, en prácticamente toda la isla de Tenerife. Sus vinos, principalmente rosados y blancos, ofrecen variedades tan gustosas como la Malvasía, Vijariego, Moscatel y Gual. Por su parte, la DO Tacoronte-Acentejo también la encontramos en Tenerife y engloba nada menos que 2.442 hectáreas de las más de 8.000 que existen en la isla. En este caso, son los vinos tintos los protagonistas con sabores robustos y aterciopelados, ideales para cualquier tipo de carne.

La denominación de origen Valle de Güimar se cultiva en lugares de unos 100 a 1.500 m sobre el nivel del mar y nos deja las variedad de Listán blanco y Listán tinto. Mientras que la conocida DO Abona ofrece vinos de gran personalidad en los que ya son los viñedos más altos de Europa.

Bodegas y variedades de Canarias

En la isla de la Palma podemos hacer varios recorridos para conocer sus bodegas y el equilibrio perfecto de sus vinos. El Consejo Regulador de Vinos de La Palma recomienda la ruta de los volcanes y la malvasía, donde hallamos la de Los Llanos Negros (en Funcaliente) debajo del volcán de San Antonio.

La elaboración de los vinos de la denominación Gran Canaria es mayoritariamente tinto, y se realiza con uvas de las variedades tradicionales canarias, aunque la dominante es el Listán Negro. Aquí recomendamos llegar a la Casa del Vino, en la Villa de Santa Brígida, un edificio histórico, en el que conocer la historia vitivinícola de la isla.

A pesar de las pocas lluvias y los calores procedentes de África, Lanzarote reúne condiciones para la viticultura. Se debe a la larga tradición de los viticultores de la isla y a los vientos alisios que favorecen humedad del Atlántico.

Tanajara

Elige tu vino de Canarias

Cómo elegir un buen vino

Elegir vinoLo importante para elegir un vino es saber que más caro no siempre significa mejor y que el precio de cada botella remite al proceso de elaboración del vino y no es un indicador de calidad. Los factores más relevantes en el coste de una botella son:

  • el mayor o menor cuidado de las uvas en el viñedo
  • si hubo o no crianza en la botella
  • cuánto tiempo estuvo el vino guardado en la bodega
  • el precio de los materiales utilizados, etiquetas, corchos, tecnología, botella, etc.

En definitiva, un vino joven es distinto, y no peor, que uno de reserva.

En cuanto al aroma y el sabor del vino, no existen recetas; como experiencia sensorial, la cata del vino es muy subjetiva. No obstante, se puede decir que un vino blanco debe tener una acidez marcada, que agüe la boca al menos 3 veces luego de tomar el primer sorbo, además de ser frutado e imprimir frescor en el paladar. En el caso de los vinos tintos, la acidez alta no es buscada, salvo que se trate de un vino de guarda, ya que la acidez ayuda a conservar el vino durante más tiempo. Estas botellas tampoco deben tener una astringencia que reseque totalmente la boca, eso puede indicar, si es de reserva o guarda, que aún no está listo para ser tomado, pues esta característica se suaviza con años de crianza en botella. En cualquiera de los casos, los vinos no deben tener aromas mohosos o rancios, menos todavía si fueron creados para ser consumidos jóvenes.

Si estamos frente a un gran vino, encontraremos que en la copa se refleja al menos un aspecto de cada etapa de su elaboración, una nota herbácea del viñedo, un aroma frutal de la uva, un toque floral proveniente de la fermentación, y el aroma a vainilla o tabaco típico de la madera. Sin embargo, más allá de las recetas, su objetivo debe ser siempre el de entusiasmar a quien lo prueba, de tal forma que no pueda resistir volver a él en el futuro.

Otra incertidumbre es la temperatura a la que debe servirse cada vino, y aunque es una cuestión de gustos, los expertos recomienda enfriar los vinos blancos livianos como el Sauvignon Blanc y el Pinot Grigio a 10ºC, al tiempo que los blancos más densos criados en madera, como el Chardonnay o el Viognier, deberían estar a 12ºC. Los espumosos y los vinos dulces se consumen ambos a una temperatura entre 6ºC y los 8ºC. En cuanto a los tintos, los más ligeros y los jóvenes se sirven en el entorno de los 12ºC. Finalmente, los tintos densos de reserva o guarda deben abrirse cuando tienen entre 17ºC y 18ºC, a pesar de que es común escuchar que se toman a temperatura ambiente.

Cómo catar vino sin ser catador

Todos los que gustamos del vino y sentimos debilidad por sus dones y su exquisito sabor tenemos un poco de catadores sin saberlo, los sentidos utilizados para catar los vinos son la vista, el olfato y el gusto, y estos sentidos no son exclusividad de un catador o de un sumiller. Si bien es cierto, ser un experto catador lleva mucho años de experiencia y conocimiento al que sólo se llega con estudios, pero tener un conocimiento básico de la cata del vino puede llegar con un interés y una experiencia en el consumo de vinos.

Como dijimos al principio, los puntos básicos de la cata del vino es el buen uso de los 3 sentidos (vista, olfato y gusto). Empezando por ahí, podemos lograr una cata de vino exitosa.

Catar vino

Coger siempre la copa por el pie y ponerla a la altura de los ojos, así podremos ver el color, brillo y limpieza del vino. Al mover la copa podemos observar las llamadas lágrimas que deja el vino en las paredes de la copa, así podremos determinar el grado de alcohol del vino.

El olfato también juega un papel fundamental en la cata, introduciendo ligeramente la nariz a la copa, podremos percibir los aromas llamados primarios, secundarios y terciarios respectivamente, agitando ligeramente la copa para alargar dichos aromas.

Y quizá el punto más fundamental de la cata del vino sea el degustar el vino, poner a prueba el sentido del gusto, moviendo el vino por toda nuestra boca sin dejar colar el aire en ella. El sabor y cuerpo es uno de los puntos más importantes del vino.

Describir como catar un vino puede sonar hasta fácil, pero sin los conocimientos adecuados no servirían de nada los pasos antes nombrados, como en todo, la experiencia es muy importante, el tiempo puede ser nuestro aliado en este menester, siempre que bebamos un vino tomemos en cuenta estos detalles y pongámoslos a prueba con vinos de similares características, esto ayudará a tener puntos de comparación entre un vino y otro.

También es de ayuda empaparse del tema por los distintos medios de información, así como saber las características básicas del vino que se está probando, esto nos dará un punto de partida en la cata del vino. Hacerlo de manera amateur y por satisfacción propia puede ser un buen comienzo para el ingreso al fascinante mundo del vino. ¿Te apuntas?

El vino tinto contra el infarto y el cáncer

Nuevos estudios confirman el efecto protector de las uvas y el vino tinto sobre los males del corazón y les atribuyen un mérito más: la prevención de tumores. ¿La clave? Los flavonoides, sustancias también presentes en el té y algunas verduras.

Vino tintoEl dios Baco, o Dionisio, saltaría de contento si supiera que, finalmente, la ciencia descubrió el poder que las uvas rojas y el vino tinto tienen en la prevención de infartos, ataques cerebrales y ciertos tumores. Se han descubierto las propiedades antioxidantes de las semillas de las uvas usadas en la fabricación del vino tinto. Las semillas contienen flavonoides, presentes también en algunas verduras (especialmente, brócoli, repollo y coliflor), en la mayoría de las frutas y en el té.

Los flavonoides explican por qué el vino tinto ha sido señalado, siempre que se consuma un máximo de 2 vasos diarios, como protector del corazón, el cerebro y las arterias. Esos compuestos pueden ayudar a pacientes con diabetes, aterosclerosis, cirugía de by-pass y trasplante de hígado por su acción antioxidante y antitóxica.

Tanto los flavonoides como otros antioxidantes, selenio, zinc, betacarotenos, vitamina C y E, se prescriben actualmente para prevenir los males cardiovasculares y retrasar la aparición de tumores y cataratas oculares. También se emplean contra el estrés agudo o crónico, la exposición excesiva a los rayos solares y cuando el hígado ha sido jaqueado por medicamentos.

Con respecto a los antioxidantes del vino, una de las últimas investigaciones dio cuenta de que beber dos vasos al día reduce la mortalidad por males cardiovasculares en un 35%, y un 20% la debida al cáncer. El 20% del aire que se respira es oxígeno y que el 1% del gas que es absorbido por el organismo se transforma en radicales libres, compuestos que bombardean las células y causan distintos cambios negativos, como la transformación del colesterol en la sustancia básica de las placas obstructivas de las arterias. Los antioxidantes neutralizan el daño de los radicales libres del oxígeno.

Por esta razón, los médicos suelen prescribir antioxidantes a partir de los 35 ó 40 años, especialmente en personas con diabetes, tabaquismo, obesidad, sedentarismo, antecedentes hereditarios de males cardiovasculares y colesterol elevado. También se recetan en pacientes con angina de pecho, insuficiencia cerebro vascular e infarto.

Tal parece que debido a la falta de tiempo para una alimentación equilibrada, los suplementos antioxidantes comenzarán a imponerse para aumentar la expectativa de vida. Así que a comprar vino para tomarse un buen vaso de vino tinto. ¡A su salud!

Los aromas de las uvas blancas

Las preguntas clásicas en aquellos que se acercan al mundo de la cata es sobre los aromas del vino. ¿A qué huele este vino? ¿A qué debería oler? Que huela a una cosa u otra, ¿es bueno o malo?
Si has visto alguna vez en las películas el clásico sketch en el que un entendido es capaz de desvelar la añada, la uva, la zona, la marca e incluso si ese año el guarda de la finca había estado resfriado en Octubre, no puedes evitar sentirte frustrado cuando hueles un vino y no sabes identificar nada de eso. Es más, al principio lo más normal es que ni siquiera sepas a qué huele exactamente el vino que estás probando.

En mi caso, el tránsito ha sido bastante más natural que todo eso. Probaba un vino, y si me gustaba miraba la etiqueta y procuraba quedarme con el nombre. Más adelante, me fijaba además en el tipo de uva. En los vinos monovarietales, poco a poco iba encontrando coincidencias entre un vino de Chardonnay, por ejemplo, y otro de la misma uva. Así iba aprendiendo los aromas que desprendía cada uva.
No era capaz de nombrar el aroma, pero ya sabía diferenciar entre un Macabeo y un Riesling.

Vino blancoYo siempre recomiendo empezar a catar con vinos blancos, porque las gamas de aromas son más diferentes entre sí (floral, frutal, hierba, miel,…) que entre los vinos tintos, que además pueden incluir los aromas de la crianza en barrica.

Al final, en un curso de cata me dieron los nombres adecuados para las impresiones que percibía. Y así me empezaron a considerar como catador, aunque en realidad me gusta pensar que sólo soy un enamorado del vino.

¿Huelen distintas las uvas? Sí, como sabe distinto un tomate raf de un tomate de pera. Pero si tomas un gazpacho con los dos tomates mezclados es difícil que los distingas. Si estás interesado en aprender a catar, trata de empezar con vinos monovarietales, para aprender a reconocer cada uva por separado.

Que huela a una cosa u otra, ¿es bueno o malo? Depende de si a tí te gusta ese aroma o no. Hay vinos blancos muy fieles al aroma genérico de la uva, porque la bodega quiere llevar esa uva a su máxima expresión, pero otras bodegas (o sus enólogos) hacen vinos completamente distintos, en los que cuesta reconocer la uva, porque lo que quieren resaltar es que sus viñedos son únicos y diferentes, o que son capaces de conseguir aromas nuevos en esa variedad. Todo es aceptable si te gusta el resultado.

¿A qué debería oler un vinos blancos? Quién sabe. A lo largo de la historia se han marcado unas pautas de aromas, que son los aromas que suelen estar presentes en cada tipo de uva. Pero no es lo mismo una Gewürztraminer cultivada en La Mancha que en Austria.
Incluso en el mismo viñedo, a medida que las cepas envejecen o que los factores externos cambian (calentamiento global, nuevas técnicas de prensado y remonte, aportes de los enólogos), los vinos van cambiando sus aromas.

Por último, hay que tener en cuenta que no va a oler igual un vino recogido cuando la uva está verde que cuando la uva es pasa. Lógico, ¿verdad?

El estándar para uvas blancas es, más o menos, el siguiente:

    Uva blanca

  • Chardonnay: Manzana verde, limón, pomelo, piña, melón, plátano,…
  • Riesling: Manzana verde, cítricos, membrillo, ahumados, especiados, petróleo,…
  • Gewürztraminer: Rosa, gardenia, lichi, mango, melocotón,…
  • Macabeo / Viura: Frutos verdes, manzana, flores blancas, vino,…
  • Moscatel / Muscat: Existen tantas variedades de moscatel como aromas. Además, cuando se trata de vinos monovarietales, se suele usar la uva sobremadurada: frutas escarchadas, miel, pétalos de rosa secos, flor de naranjo, melocotón en almíbar,…
  • Sauvignon Blanc: Frutas maduras, ahumados, espárrago, pimiento verde, maracuyá,…
  • Albariño: Manzana dorada, miel, albaricoque, florales,…
  • Airén: Plátano, Piña, heno, cebada, espliego,…
  • Malvasía: Fruta blanca, limón, melocotón, ciruela,…
  • Palomino: Lima, almendras amargas, anises, salinos, balsámicos,…
  • Verdejo: Frutas blancas, hierba verde, mango, melón, hinojo,…

¿Puede un vino de una de estas uvas oler a otra cosa? Sí, por supuesto. Además, el nombre del olor debe de ser aquel al que a ti te recuerde ese olor. En algunas notas de cata se pueden leer como aromas “rocío de una mañana de octubre”, “sábanas recién puestas”, “manzana roja cortada en dos”, “panificadora en pleno trabajo”,…Parecen absurdos, pero si los lees detenidamente seguro que te viene a la mente algún aroma.

¿Cómo sabemos si un vino que huele a manzana es de Chardonnay, Riesling, Macabeo, Albariño o de otra uva? Bueno, los aromas no son exclusivos. Un mismo vino presenta varios aromas a la vez, así que trataremos de identificar otros aromas en la copa que nos ayuden a decidir. Más que un consejo, una obligación para el que le guste el vino: probar, probar, probar y probar…

Si quieres saber más, puedes aprender a oler un vino en este magnífico post de Yolanda Silva.