Enoturismo para vender vinos

Atrás quedaron las épocas en las que el turismo rural significaba ir al pueblo de la familia a comer los platos de la abuela. Hoy, el turismo rural abarca una amplia oferta de alojamientos y actividades entre los que se cuenta, cada vez con más fuerza, el enoturismo.

Hasta hace poco las bodegas sólo abrían sus puertas como un instrumento de marketing, para agasajar a clientes importantes o celebrar reuniones de fuerza de ventas con sus distribuidores. El creciente interés por los vinos y la cultura que les rodea ha ayudado a impulsar la creación de espacios dedicados al ocio y al disfrute del vino dentro de los terrenos de las bodegas, tanto para impulsar la imagen de marca como para generar beneficios por sí mismos.

El ejemplo más conocido de este nuevo modo de entender la cultura del vino es el de Marqués de Riscal, en Rioja, que creó un edificio diseñado por Norman Foster donde se pueden alojar los más exclusivos amantes del vino en una de sus 43 suites equipadas hasta el último detalle. También, de mano de su chef Ramón Piñeiro, se pueden degustar los platos más vanguardistas en sus restaurantes y bistrós dirigidos por Francis Paniego, poseedor de 2 estrellas Michelín, en Echaurren y El Portal de Echaurren.

Otro proyecto diferente, esta vez en Portugal, lo representan las bodegas Herdade do Esporao, en el Alentejo. Esta bodega, que produce aproximadamente 12 millones de botellas al año, y tiene como vino de bandera el famoso “Monte Velho“, se distingue por su protección de los hábitats naturales. Poseen una finca de más de 1800 hectáreas (de las que sólo 600 se dedican al cultivo de vides, y 40 al de olivos), en un entorno que representa fielmente el sotomonte portugués.

Herdade do Esporao

Foto: Juan Manuel Pérez Zubizarreta

La bodega está inscrita en el proyecto europeo “Countdown 2010“, por el que se compromete a respetar y cuidar el medio natural, y se pueden contemplar en la finca más de 350 especies distintas de fauna y flora, entre las que destacan las aves acuáticas y la joya de la corona: una pareja de cigüeñas negras.

Como colofón de la visita, nada mejor que recrear los sentidos con un almuerzo típico en su restaurante, acompañado de una cata de sus mejores vinos. En su afán por investigar y seleccionar las mejores cepas, disponen de variedades tan diversas como la Touriga Nacional o la Aragones, hasta otras más sorprendentes en la zona como la Petit Verdot y la Semillon, de la que son probablemente los únicos productores en toda Portugal.

En cualquier caso, si lo que te atrae es el lujo más exclusivo o la protección de la biodiversidad, ahora puedes encontrarlo todo sin renunciar al placer de degustar los mejores vinos.

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