Cava versus Champagne

El cavaMe piden mi opinión sobre la competencia entre Cava y Champagne, y la verdad es que “me da cosa” opinar.

Por un lado, porque se trata de algo más que de un debate sobre gustos, ya que hay mucho de política en todo ello. Y por el otro, porque hay cavas y champanes para todos los gustos, así que se hace difícil generalizar.

Digamos que,  particularmente, no soy de cavas o de champañas, como no soy de blancos o tintos. Depende de la ocasión, de las ganas, del dinero,…

Tanto el Cava como el Champagne se elaboran igual, siguiendo el método Champenoise o tradicional, aunque haya alguna bodega en ambos lados que use alguno de los otros métodos que también existen.

En principio, el cava parece la mejor opción para el día a día ( a no ser que tu día a día incluya comer ostras y caviar). Hay gran cantidad de cavas de 3 a 6 euros con una calidad más que suficiente para acompañar una comida en la que nos apetezca un espumoso. Y no hablo de los cavas de las grandes bodegas que todos tenemos en la cabeza, sino algo como el Xamfrá, un Brut bastante apañado.

En la siguiente franja de precio es donde realmente los cavas marcan la gran diferencia. Entre 6 y 15 euros hay cavas para todos los gustos, y de un nivel bastante alto. Aquí sí que las grandes bodegas ofrecen grandes productos, como el Copa de Champagne

El dilema surge a partir de los 20 euros, que es realmente donde los Champagnes entran en la competición. Quedan cavas que dan la cara en la comparación, como el Recaredo Turó d’en Mota 2000 o el Kripta, pero realmente la cantidad y calidad de los Champagnes franceses oscurecen y apabullan a cualquier otro espumoso. Aún en España se puede comparar, pero en mercados internacionales, más abiertos, es difícil que los cavas de estas gamas de precios tengan cabida para algo más que para dar color a una muestra de vinos.

De todas formas, eso no quiere decir que los cavas de gama alta tengan poco o ningún sentido: se trata de una cuestión de gustos. Los cavas españoles son como un Ribera, un Bierzo, un Toro o un Priorat, más potentes en boca, más fuertes de sabor y con más presencia de aromas. Y no hablamos de denominaciones poco exitosas, precisamente. En cambio, los champañas franceses son como su Burdeos, vinos muy sutiles, con matices del terroir, con ligerísimos detalles que le dan elegancia.

Esto le da un punto a favor al cava. A ojos de muchos españoles como yo, acostumbrados a la cocina de mamá, que inundaba la casa de aromas y sabores, la sutileza del Champagne se nos escapa a veces, y requerimos de un periodo de adaptación para disfrutar realmente el espumoso francés. Y no siempre queremos adaptar nuestro olfato, sino simplemente disfrutar de una copa de un buen cava.

A los que ya han trabajado el olfato, los entendidos, los que están acostumbrados, a esos a los que “envidio” profundamente  porque han conocido y probado mucho y bueno, ésos terminan decantándose por el Champagne. Bueno, no todo en la vida es Ferrari, de hecho, Red Bull está líder

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