El anís, tradición española

 TAGS:Los hombres españoles y el anís.

El abuelo, el padre y el hijo, uno vivió la posguerra, otro vivió la transición y el más joven está tratando de lidiar con la crisis. 3 generaciones que no tienen mucho en común, o quizás sí, pero que prolongan juntos la sobremesa después de una buena comida y comparten unas copitas de anís. Anís Machaquito Extra Seco.

Las mujeres que beben anís.

Entre confesiones va un sorbito. Entre lágrimas también, porque son menos con una copita y una buena amiga. Las alegrías, se celebran en petit comité con anís y a veces se rebaja un poquito con agua, para que tome ese color blanco, una evolución inconfundible, como la de la ilusión al deseo cumplido. Anís Sepulvedana.

Anís para los niños.

Hace unas décadas se les untaba en el chupete, aunque ahora sólo lo catan en la variada repostería que contiene el anís entre sus ingredientes, para darle ese toque tan típico de los dulces tradicionales, recetas que han pasado de generación a generación. Anís Asturiana Dulce.

España sabe a anís

De puertas para adentro, en cada casa, en la intimidad de la familia. Y también con amigos. Algunos lo cambian y lo prefieren a los gin tonics de diseño, esos que llevan limón exprimido, con una nota de lima y cardamomo por encima.

El anís no lleva nada, el anís es transparente, pero llena, reconforta y además es digestivo. La excusa perfecta para echar esa copita después de la comida. Esa que te da la dosis de bienestar que te faltaba para ponerte de pie y caminar: directo a la siesta. A soñar con Alejandro Magno, que fue quien puso de moda la Pimpinella Anisum por sus numerosas bondades (perfectas para poner a punto el sistema digestivo, el circulatorio y el hormonal) a la vista quedan los resultados; a soñar con los egipcios, que comenzaron a cultivarlo dos mil años antes de Cristo; a soñar con Chiquito de la Calzada y la etiqueta de Anís del Mono.

Hubo quienes siguieron soñando despiertos con el anís y comenzaron una colección, como el señor Josep Roig, que guardó botellas desde 1929, una afición que queda para la posteridad en forma de museo: la Anisoteca, que se puede visitar en la parte de arriba de un restaurante de Castel de L?Areny.

Almodóvar nos lo recomienda y lo exporta, de manera subliminal, claro, sus fans pueden experimentar la diferencia entre ver sus películas a secas o con un vasito de anís, la locura. Si se le llama chinchón significa que la partida de cartas está al caer: mus, guiñote o póker. Escalera de color con este licor dulzón que saca su lado salado y toda su gracia en navidades, cuando la botella de La Castellana marca el ritmo de melodías que se cantan a coro.

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Anís del Mono, uno de los clásicos, antes y después de chiquito de la Calzada.

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