El vino como arte

Vino y arteSin duda alguna podemos asegurar que el vino es una de las bebidas alcohólicas más conocidas en el mundo de hoy, incluso hay estadísticas que indican que, aunque parezca increíble, 1 persona de cada 100 se desempeña como viticultor, elaborador o al menos comerciante de vinos. Es también de conocimiento de quienes están interesados en el tema que la Organización Mundial del Vino, la OMV ha dicho en varias oportunidades que la cosecha del mundo alcanzaría para brindar al menos 8 botellas al año a cada uno de los habitantes del planeta.

Si pensamos en la superficie del planeta que se le dedica a la plantación de viñedos, podemos decir que al menos hay unas 10 millones de hectáreas cultivadas con tal propósito, sin dejar de señalar que hay muchas más que serían posibles tierras cultivables para la vitis vinífera.

Es que el vino ha dejado de ser simplemente una bebida entre otras, o un complemento de las comidas, para transformarse en un elemento más de la cultura, es parte de ella, de la misma forma que podemos catalogarlos como un objeto de arte, que provoca placer y que, se diferencia de otras obras de arte en no permanecer invariante con el tiempo luego de ser creado. Eso sí, el vino cambia, evoluciona y con el paso del tiempo se enriquece, al contrario de lo que sucede con otras piezas.

Hay una característica vital del vino que lo hace tan particular y apetecible: es un producto vivo, y en esto radica algo sumamente importante si profundizamos en el concepto, ya que la vida implica madurez, declinación y un final. Su vida es mucho más corta que otras piezas de arte o materiales, tales como el mármol o las pinturas, su vida es corta y tiene un fin próximo relativamente, tal como la vida de cada ser humano. El hecho de terminar, de no perdurar inmutable con el paso del tiempo, hace que se transforme en un hecho irrepetible y único, el momento de degustar y compartir una copa de buen vino será un espectáculo que jamás se repetirá de la misma forma.

Si tuviésemos la necesidad de compararlo con algún arte quizás se asemejaría de alguna forma a la música y podríamos hacer una analogía entre la función que cumple la botella con una partitura, ella contiene la música que de igual forma necesita un artista para extraerla y transmitirla si se pretende obtener lo mejor de ella. Un bebedor debe también poder obtener y rescatar todas las virtudes que la botella cerrada protege. Esta capacidad, que en parte puede ser innata, hay que cultivarla con aprendizaje y mejorarla con la práctica y dedicación.

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