La producción de vinos en la Patagonia argentina

La región patagónica tiene todas las condiciones para producir uvas y vinos de la mayor calidad. En los próximos años, el sur americano puede convertirse en una verdadera “bodega del mundo“.

Patagonia argentina

Desde hace al menos una década, la Patagonia argentina ha cobrado un inusitado auge como una de las regiones turísticas más atractivas del mundo. Y no es para menos, ya que sus condiciones naturales de inmensidad y variedad geográfica la transforman en un lugar salvaje, inexplorado y bello; uno de los últimos rincones del planeta en donde el hombre sigue pareciendo pequeño e insignificante.

Pero, detrás de esa majestuosa belleza natural, se esconde otra faceta menos conocida que la vuelve apetecible a las inversiones locales y extranjeras: la de ser un oasis para el desarrollo de actividades agrícolas, especialmente el cultivo de árboles frutales y vides. Si a eso le sumamos un clima ideal para la implantación de las variedades de uva más finas, el resultado es un promisorio futuro vitivinícola.

A primera vista, el nombre Patagonia trae de inmediato la imagen de “árido, ventoso e inhóspito”, es decir, bien lejos de toda actividad agrícola tradicional. Sin embargo, en Argentina, todas las regiones del vino se sitúan en áreas similares, donde cualquier cosa verde que crezca del suelo lo hace a merced del riego y los cuidados del hombre. Una mirada más atenta puede descubrir algunas claves naturales basadas en una privilegiada situación ecológica:

  • La latitud, ubicada en la franja de los 39 a los 45 grados sur, que la convierte en la zona productora de vinos más austral del mundo.
  • El clima especial, en el que se alternan noches muy frías y días de sol intenso, con gran amplitud térmica que favorece la lenta maduración de las uvas (en la escala Winkler, pertenece a la región II). De este modo, los jugos llegan, al momento de la cosecha, con un equilibrio perfecto entre azúcar y acidez.
  • La ausencia de humedad ambiente y cualquier tipo de contaminación, que asegura la absoluta sanidad de la materia prima.
  • La enorme cantidad de terreno apto para el cultivo sin explotar y el bajo costo de la tierra, que vuelve a la Patagonia una región muy atractiva para las inversiones a mediano y largo plazo.
  • La interesantísima posibilidad de conjugar la actividad vitivinícola con una pujante y tradicional actividad turística.
  • La posibilidad concreta de establecer una denominación de origen o sistema de certificación geográfica similar.

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